Opinión

Bienal de La Habana

     
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Una pieza de la vasta obra del cubano Carlos Estévez. (Cortesía)

La era está pariendo un corazón,
no puede más, se muere de dolor y hay que
acudir corriendo, pues se cae el porvenir

Silvio Rodríguez, cantautor cubano.


Cuba es un símbolo moderno, un territorio cuya condición geográfica lo determinó a ser campo de batalla para las dos ideologías más poderosas del siglo XX: el capitalismo y el socialismo.

Cuba simboliza el sueño revolucionario, la Utopía, el contrapeso político y económico ante la creciente hegemonía estadounidense durante la Guerra Fría y, por supuesto, el despertar de ese sueño insurgente; pero también la isla contiene la posibilidad financiera de un oasis caribeño para la industria del ocio que la Revolución Cubana truncó en 1961. Después de la Crisis de los Misiles de los 60, de la inclusión de Cuba en la lista de países terroristas en 1982, de la caída del bloque soviético y la pesadilla del Periodo Especial cubano de la década de los 90, el presidente Barack Obama y su homólogo Raúl Castro intentan restablecer las relaciones diplomáticas. Y en esta atmósfera de inminente apertura de la isla al mundo, la Bienal de La Habana celebra su edición 2015.

La primera edición fue en 1984, como iniciativa del Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, la galería estatal y centro de investigación artística más importante de Cuba, que fue creado para honrar el artista cubano de mayor reconocimiento internacional. El propósito inicial de la Bienal era el de exponer lo mejor de una producción artística realizada fuera del sistema capitalista;
latinoamericana principalmente. Después se amplió invitando a artistas, proyectos y galerías de África y Asia. Esto le da un rasgo distintivo. No muestra un “arte social” o “comprometido”, sino realizado en condiciones sociales y económicas totalmente distintas. Los temas de opresión, desigualdad, los diversos desafíos cotidianos de supervivencia o resistencia no son vistos desde afuera por artistas o curadores, sino son parte intrínseca de las obras y, por ende, de los individuos.

Otra particularidad de esta reunión es la relación que construyen los distintos eventos con la capital cubana, pues aunque al principio el eje principal se llevaba a cabo en el Wifredo Lam, poco a poco se ha ido ampliando a muchos otros espacios de la ciudad. Muchos de los proyectos artísticos, performance, conferencias y muestras se realizan en una enorme variedad de sedes que pocas veces tenemos oportunidad de apreciar, como la Universidad de las Artes, donde se presentó uno de los mejores proyectos, el del mexicano Héctor Zamora en la sala Gusano de la Escuela de Música, el Convento San Francisco de Asís, la Biblioteca Pública Rubén Martínez Villena; la Fototeca de Cuba; la Casa de las Américas; el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, la Facultad de Física Nuclear, del Instituto Superior de Tecnologías y Ciencias Aplicadas hasta la Fábrica de Bicicletas Claudio Argüelles, en donde el artista cubano Wilfredo Prieto curó una bella muestra de artistas internacionales y locales. En la gran oferta de sedes se incluyen, desde luego, casas y departamentos particulares, edificios históricos en el emblemático Malecón, hasta en barrios no turísticos, que cauivan a los nuevos visitantes del país. Más de 80 actividades organizadas a lo largo de toda La Habana.

Así, al recorrer la capital cubana, yendo de una exposición a otra, se redescubre y reinterpreta un momento contemporáneo muy especial, pues Cuba, a pesar de la cercanía con México y Estados Unidos, es un mundo distinto, naturalmente hermanado al nuestro, pero surrealmente alejado.

La experiencia del arte dentro de este contexto toma una dimensión humana distinta, y más si la contrastamos con la reciente Bienal de Venecia. No hay hiperlujo, no hay un despliegue de excesos ni suntuosidad, todo lo contrario, hay un clima de urgencia que alterna con añoranza. Pero también hay concordancias, que son las que más inquietan: La Habana, al igual que Venecia, se están hundiendo, una metafórica y la otra físicamente; las dos representan sistemas que han dejado tras de sí una estela de miseria y que buscan en su pasado afianzarse. Se dijo que esta era la Bienal del deshielo para Cuba, y muy probablemente en su próxima edición 2017se realice en condiciones totalmente diferentes.

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