Opinión

Bien por Nestora,
¿Mireles cuándo?

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Nestora Salgado. (Cuartoscuro)

El gobierno mexicano dio esta semana un paso en el sentido correcto. Se ha decidido revisar el caso de Nestora Salgado, líder de la Policía Comunitaria de Olinalá, que será trasladada a una cárcel de la ciudad de México, luego de 20 meses de haber sido detenida y recluida en un penal de alta seguridad en Nayarit.

La medida es correcta no sólo porque esta líder social podrá recibir debida atención médica mientras son desahogados los procesos judiciales que aún tiene pendientes. Cabe recordar que Nestora ha ido ganando las causas que le imputan. Y que son condenables las ínfimas condiciones en que estuvo presa, situación que sólo fue atendida tras de que la comunitaria se pusiera en huelga de hambre.

Pero la verdadera trascendencia del acuerdo firmado el lunes entre la Secretaría de Gobernación y el gobierno de Guerrero radica en que a esta administración le urge corregir la extendida idea de que tiene dos varas para medir, una rigorista en contra de algunos líderes sociales, y otra muy, pero muy laxa.

La detención de Nestora sólo puede ser interpretada como un gesto desmedido, desproporcionado, de un gobierno federal que quería hacer una demostración de fuerza. ¿Sirvió ese golpe de la administración en contra de una líder social? Veamos cómo está Guerrero 20 meses después y la respuesta llega sola.

De igual forma, a la presidencia de Enrique Peña Nieto le urge corregir la injusticia cometida en contra de José Manuel Mireles, líder fundador de las autodefensas michoacanas, preso desde hace casi once meses en un penal de Sonora.

Usar la justicia a contentillo es una pésima idea, desatino que es aun mayor si encima se aplica en contra de líderes sociales.

Mireles pudo haber incurrido en rebeldía, pero no necesariamente le faltaba razón. A su favor tiene que si bien desatendió llamados del gobierno para que se desmovilizara, él podría reclamar la incongruencia de la Federación, que pretendía que el médico del sombrero ya no actuara como autodefensa, mientras que al mismo tiempo los enviados gubernamentales se hacían acompañar de Los Viagras en su misión de luchar contra Servando Gómez La Tuta.

Encima, tanto el penal elegido (lejanísimo a Michoacán), como los delitos que le imputaron (lo acusaron como si tuviera un arsenal), dejaban claro que lo que el gobierno buscaba era dar una reprimenda al “rebelde” Mireles. No se vale.

Ese mismo gobierno, cabe recordarlo, tardó meses en detener a ese junior de campeonato que es el hijo de Fausto Vallejo, hoy libre para vergüenza de todos. Y cuando por fin procedió en contra de Rodrigo Vallejo, sólo le acusó de un delito menor, por lo que a pesar de la forma en que se le vio (a través de videos filtrados) convivir y hacer tratos con un delincuente del calibre de La Tuta, Rodrigo alcanzó la libertad con una fianza de siete mil pesos. Sobra decir que el hijo del exgobernador estuvo detenido menos de diez meses, es decir lo soltaron antes que a Mireles.

A Guerrero y a Michoacán les urgen medidas que contribuyan a la distensión. El no tratar a Nestora como alguien de alta peligrosidad puede traducirse en un mejor clima para la explosiva entidad guerrerense. El liberar a Mireles puede dotar a la Federación de mayor legimitidad en sus negociaciones rumbo a la pacificación de Michoacán.
Peña Nieto ha dado un paso importante al decidirse a revisar a fondo el caso de Nestora (porque la injusticia no termina con el traslado), urge que rápido se aplique la obligada autocorrección respecto al doctor Mireles.

Twitter: @SalCamarena

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