La lección de Malta
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La lección de Malta

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La lección de Malta

06/11/2018

El 16 de octubre de 2017, una bomba colocada debajo del auto que conducía la periodista Daphne Caruana Galizia fue detonada a distancia, abriendo en el piso un cráter de dos metros de diámetro. Daphne vivía en Bidnija, una pequeña población en Malta, desde donde mantenía un popular blog sobre política local en el que solía denunciar casos de corrupción. Decir que el blog era popular es quedarse corto: de la población total, de alrededor de 470 mil habitantes en Malta, el blog de Caruana recibía 300 mil visitas diarias.

A pesar de ser el país más periférico y aldeano de Europa, la ubicación de Malta lo ha colocado en las encrucijadas de la historia. Se encuentra a la mitad del camino entre Europa y África, y justo en el medio de los bordes oriental y occidental del mar Mediterráneo. Fenicios, cartagineses, romanos, griegos, bizantinos, árabes, normandos, sicilianos, españoles, franceses y británicos han tenido soberanía sobre Malta, y todos han dejado ahí alguna influencia cultural, lo que lo hace al mismo tiempo un país exótico y misterioso. Es posible que esa dimensión de misterio explique que Malta haya sido escenario de varias novelas de guerra, espionaje y crimen, como El sitio de Malta, de Walter Scott; Earthly Powers, de Anthony Burgess, autor de Naranja Mecánica, y Man on Fire, de AJ Quinell, que trata sobre un mercenario en su intento por rescatar a una niña secuestrada por la mafia. Un dato curioso es que para la versión en cine de Man on Fire, con Denzel Washington, la historia no se desarrolla en Malta como en el libro, sino en México.

Hasta la crisis financiera de 2008, Malta había sido un país con un sistema bancario con la reputación de ser muy escrupuloso en la verificación del origen lícito del dinero que recibía de fuera. Esto contribuyó a que se mantuviera estable y que empezara a recibir grandes cantidades de dinero de otros centros financieros que si resultaron afectados por la crisis, como Chipre y las Islas Vírgenes Británicas. El problema es que el dinero sucio tiene un efecto de bola de nieve; una vez que se deja pasar una pequeña cantidad, es difícil pararlo. Y todo indica que el dinero sucio llegó y no se detuvo. Malta se convirtió rápidamente en un destino para el lavado de dinero proveniente de todo el mundo. Se ha presentado desde entonces un auge del sector financiero, la especulación inmobiliaria y la creación de empresas fantasma. En Malta hay una empresa por cada seis habitantes; en comparación, en Alemania hay una empresa por cada 26 habitantes.

Daphne Caruana empezó a escribir su blog personal precisamente en 2008, para divulgar información y opiniones que su periódico, el Malta Independent, no se atrevía a publicar. Gracias a una informante y a datos obtenidos de los Panama Papers, Caruana publicó en abril de 2017 que Michelle, la esposa del primer ministro Joseph Muscat, era la beneficiaria de una empresa panameña que había recibido un millón de dólares de personas cercanas al gobierno de Azerbaiyán, con el cual Muscat había negociado un convenio de compra de gas natural bastante ventajoso para los azeríes. Unos meses después, el auto de Caruana voló en pedazos.

Para el periodista Alexander Clapp (https://www.1843magazine.com/features/murder-in-malta) la lección de Malta no es que los periodistas puedan ser asesinados en lugares aparentemente tranquilos. Eso –por tremendo que suene– siempre ha ocurrido. Citando a Nicholas Shaxson, autor del libro Treasure Islands sobre paraísos fiscales, Clapp escribe que “cuando un país pequeño, que de entrada nunca tuvo los pesos y contrapesos de una democracia normal, se vuelve tan dependiente en el sector financiero y este adquiere un tamaño tan vasto, no toma mucho tiempo para que el imperio de la ley sea anulado”.

El caso de Caruana tiene una reverberación actual por la muerte, apenas este domingo, de Kateryna Handziuk, una activista anticorrupción ucraniana a quien un desconocido le roció ácido sulfúrico mientras salía de su casa en julio pasado. Ambos asuntos manifiestan circunstancias similares: mujeres que de forma independiente denuncian la corrupción desde la sociedad civil en países en los que las instituciones democráticas y el Estado de derecho se encuentran en una marcada condición de debilidad, y en los que no hay muchas esperanzas de que los responsables de los ataques sean castigados y se haga justicia.

La lección de Malta también aplica a México. Cuando un negocio como el lavado de dinero en Malta y el crimen organizado y la corrupción política en México se vuelven tan grandes que llegan a ser capaces de anular a las instituciones democráticas, el imperio de la ley desaparece. Y si esto ocurre, también se verá amenazada la viabilidad del trabajo de la prensa de investigación y de la sociedad civil, que son de los pocos espacios –¿los únicos? – de la vida pública mexicana en los que actualmente se defiende a las instituciones democráticas y se denuncia la corrupción.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.