La importancia del fútbol
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La importancia del fútbol

19/06/2018
Actualización 19/06/2018 - 14:15

No es que piense que el futbol es importante, ni que comulgo con la ingeniosa y multicitada frase del argentino Jorge Valdano acerca de que “el futbol es lo más importante de lo menos importante”. De entrada, para mí no lo ha sido mucho: crecí en la Sonora de los 70, en donde el deporte organizado por excelencia era el beisbol. Si bien el 'fut' tenía sus seguidores, no había comparación: la popularidad del 'beis' era aplastante y no dejaba espacio para una afición distinta. Uno de los shocks culturales que tuve al cambiar de residencia a la Ciudad de México fue saber qué contestar cuando me preguntaban a qué equipo le iba; generalmente respondía “a los Dodgers en la Nacional y a Boston en la Americana”. Con el tiempo aprendí a dar una opinión más futbolera, aunque fuera poco sincera, sobre mi equipo de preferencia. Generalmente decía que los Pumas, pues tengo la impresión de que es el equipo 'políticamente correcto'; a veces también decía que a Chivas, pues me parece simpático que sólo admite jugadores mexicanos, aunque la verdad es que no sigo los resultados de la liga.

Pero por más indiferentes que podamos ser ante el futbol, es imposible ignorar el impacto mediático y social, medido por las conversaciones y manifestaciones sociales de alegría que desencadenó el apretado triunfo de la Selección Mexicana de futbol sobre la alemana en el Mundial de Rusia. Imposible no ver los juegos de México durante un Mundial, aunque las sutilezas de la estrategia de grupo y la valoración informada sobre las habilidades individuales se me escapen. Imposible no hacer propia esta victoria y no subirse al tren del festejo: ¡Ganamos! Entonces, ¿qué tan importante es el futbol?

En muchas instancias se ha exagerado la influencia social y política del futbol, si es que realmente la tiene. Un caso en el que la influencia política del futbol fue ampliamente sobreestimada es durante la guerra entre Honduras y El Salvador, de julio de 1969, que fue llamada por el periodista polaco Ryszard Kapuściński la 'Guerra del Futbol', debido a que las Selecciones Nacionales de ambos países se habían enfrentado apenas en junio (ganó El Salvador por tres goles contra dos de Honduras). En realidad Kapuściński no conocía los motivos de la guerra, provocada en realidad por tensiones crecientes entre terratenientes hondureños y campesinos salvadoreños. Pero el nombre de Guerra del Futbol perduró y así es como se le llama hoy a ese conflicto.

No hay duda de que la afición puede tener una importancia muy grande para los fanáticos y que hay fenómenos sociales que merecen ser estudiados sobre la preeminencia del futbol en las prioridades de quienes siguen ese deporte. Una afición mal administrada puede llevar a las porras –hinchas, torcidas, hooligans, etcétera– a excesos absurdos, no exceptos de violencia, pillaje y vandalismo. Sin embargo, la afición también puede tener el efecto de moderar las inclinaciones violentas. Hace unos años leí en la sección Readings de la revista Harper’s una entrevista hecha a un terrorista palestino en la cárcel. Este terrorista había entrado en un autobús de transporte público en Israel lleno de personas –hombres, mujeres, niños, ancianos– con la intención de detonar una bomba que llevaba atada a su cuerpo. La bomba no detonó, fue capturado y sentenciado a cadena perpetua. Cuando se le preguntaron sus motivaciones fue muy claro: al morir en el atentado suicida se convertiría en mártir, aseguraría un lugar en el paraíso junto al profeta para él y toda su familia, y ahí en el paraíso lo esperarían 72 mujeres vírgenes. Dijo que no le preocupaba que en el atentado murieran personas inocentes o niños, pues consideraba que ningún israelí era inocente de las desgracias de los palestinos y que los niños podrían convertirse en el futuro en soldados que se sumarían a las acciones de represión a su pueblo. Más adelante en la entrevista le preguntaron cómo pasaba los días en la cárcel y respondió con entusiasmo que practicaba el futbol. Dijo el nombre de sus equipos favoritos y de los jugadores que más admiraba, distinguiendo a los árabes de los israelíes. El entrevistador le preguntó entonces si estaría dispuesto a detonar una bomba en un estadio de futbol durante un juego de la liga israelí. “No. En un estadio de futbol no lo haría”. “Imaginemos –insistió el entrevistador– que se trata de un estadio lleno de soldados israelíes que han matado palestinos”. “No. –contestó– En un estadio de futbol, no”.

Sabemos que el estado de ánimo de la sociedad o 'humor social' –variable que la empresa Nodo de Luis Woldenberg ha venido midiendo desde 1994– se ve afectado en cierta medida por los éxitos y fracasos de la Selección Mexicana de futbol, y que un mejor estado de ánimo tiene alguna influencia sobre las elecciones. Cuando la sociedad está de buen ánimo, cuando se está satisfecho con el statu quo, o se tienen buenas expectativas sobre el futuro, se generan condiciones que benefician al incumbent, esto es, al partido y/o candidato oficiales. Si el triunfo de México sobre Alemania puede incidir en el resultado de la elección, eso es otra discusión, sobre todo tomando en cuenta que faltan dos juegos de la Selección antes de las elecciones y que un triunfo de México en ambos juegos está lejos de ser seguro. Habría también que moderar las expectativas sobre la posible influencia del triunfo de México y tomar en cuenta la dinámica inercial histórica del 'humor social', que viene de una pronunciada tendencia a la baja, por lo que se aprecia difícil que este éxito de la Selección, por más satisfactorio que sea, tenga una influencia significativa sobre la elección. Ah, pero si México gana los siguientes dos juegos…

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.