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10/04/2018

A principios del siglo XIX se popularizó en Europa el género de la novela por entregas o de folletín. El alto costo de los libros en esa época hacía más fácil la venta de novelas por capítulos a un público de lectores cada vez más grande. La publicación en capítulos no solamente facilitaba el consumo de novelas al hacerlas más accesibles, también generaba expectativa en el público sobre la continuación de la historia en la siguiente entrega, y eso contribuyó a que esas novelas fueran éxitos comerciales. Así publicaron y adquirieron fama muchos autores como Alejandro Dumas, Víctor Hugo, León Tolstoi, Fiódor Dostoievski, Charles Dickens, y vieron la luz en ese formato obras maestras como Los Tres Mosqueteros y Los hermanos Karamazov. Algunas de esas novelas eran un escape fantasioso de la dura realidad de la vida, pero otras lograron reflejar el ánimo social y las preocupaciones políticas del momento. Lukács decía que el arte era reflejo de la realidad. Y lo que pasa es que la inspiración literaria –también sucede con otras artes–, no puede estar al margen de la realidad de la época.

Desde el tiempo de las novelas por entregas, los formatos en los que es posible el consumo de historias se han ampliado y tenemos hoy numerosos vehículos con los cuales disfrutar la experiencia de una narración. El cine, la radio, la televisión y, de forma más reciente, las películas y series que pueden verse a demanda por Internet con servicios como Netflix, son los sustitutos de hoy a las novelas de folletín.

Hace poco se estrenó precisamente en la versión mexicana de Netflix, una serie brasileña llamada El Mecanismo. Creada por el brasileño José Padilha, productor también de la serie Narcos, El Mecanismo es una historia en ocho capítulos inspirada con cierta libertad en el libro Lava Jato: El juez Sergio Moro y los bastidores de la operación que sacudió a Brasil, del periodista de la Red Globo Vladimir Netto (Lava Jato: O Juiz Sergio Moro e Os Bastidores da Operação Que Abalou o Brasil, Sextante, 2016).

El caso “Lava Jato” se considera la investigación sobre corrupción más grande en la historia de Brasil. El monto de los sobornos hechos a funcionarios de la paraestatal Petrobras asciende a dos mil millones, aunque se estima que el costo para el gobierno brasileño por el encarecimiento de obras y el desvío de recursos podría llegar hasta los trece mil millones de dólares. Unas 260 personas han sido acusadas con relación a este caso, entre ellas el director de abastecimientos de Petrobras, Paulo Roberto Costa, y el lavador de dinero Alberto Youseff. Las consecuencias políticas de esa investigación han sido descomunales. Lava Jato no solamente provocó la destitución de la expresidenta Dilma Rouseff y una profunda crisis política en Brasil, sino que ha derivado en la encarcelación del expresidente Luiz Inacio Lula Da Silva, favorito para ganar las próximas elecciones presidenciales, ahora inhabilitado para competir. La prisión de Lula tiene un amplio abanico de implicaciones legales y políticas, pero también ideológicas y simbólicas para Brasil y para América Latina, que tendrán profundas consecuencias en los próximos años. Lula fue un presidente muy poderoso en Brasil y un gobernante con una gran proyección internacional, que personificaba a una izquierda latinoamericana democrática y capaz de encaminar a su país a un mejor estado de desarrollo. Esa obra está en vías de quedar destruida, como un edificio de naipes barrido por el viento. Otras historias están por escribirse en varios países, en donde el rastro de Lava Jato y del campo minado dejado por la empresa Odebrecht en toda América Latina, ha tumbado al presidente de Perú y ha puesto a muchos funcionarios de otros países en entredicho.

El Mecanismo es un logro extraordinario. El libro de Vladimir Netto es la historia de la investigación que deshilvana una trama de corrupción que por méritos propios es un verdadero thriller policiaco. Se trata de una historia real, inverosímil, indignante y que narra las limitaciones y grandes aciertos de la policía y del sistema de justicia de Brasil. Es una historia que merece ser contada, y que no pudo haber sido contada de mejor forma que en la adaptación que hace José Padilha para Netflix. No se trata de una producción almibarada con el tono falso de las telenovelas latinoamericanas, se trata de una historia de nobleza y miseria, de frustración y triunfo, de entrega sacrificada y de ambición banal, en suma, de las contradicciones que vivimos en la interacción entre personas e instituciones, tan características de nuestra región. ¿Cómo no vernos reflejados en ese infierno armado por demonios pero poblado de ángeles?

No es fácil ver esta serie. En El Mecanismo hay un espejo en el que América Latina no quiere verse. Esto no es una telenovela, no es un escape de una realidad insoportable, es un vistazo a esa realidad. El Mecanismo es una serie que refleja en la ficción una realidad –Lukács dixit– que no debemos ya evadir y a la que tenemos que asomarnos, aunque duela, en la manera en la que Quetzalcóatl descubre horrorizado su vejez con el espejo de Tezcatlipoca. No nos va a gustar. El Mecanismo y las historias que vengan después, de otros países o del nuestro, nos pueden ayudar a comprender mejor el reto que tenemos para enfrentar la corrupción política en la región. Estoy seguro que un día llegaremos a ver una versión mexicana de una historia parecida, de que la disfrutaremos con dolor, y que con un nudo en la garganta, pero fascinados, aprenderemos a conocernos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.