El 'affaire' Corral-Hacienda visto desde fuera del tren del mame
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El 'affaire' Corral-Hacienda visto desde fuera del tren del mame

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Opinión

El 'affaire' Corral-Hacienda visto desde fuera del tren del mame

23/01/2018
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Recursos humanos/ UniqueStar Net Solutions
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La discordia entre el gobierno de Chihuahua de Javier Corral y el gobierno federal –específicamente la Secretaría de Hacienda– ha convertido a una parte del debate público (Miguel Santos, dixit) en un barrial polarizado. Como todo pleito entre barrios, los hechos específicos que han motivado esta polémica se vinculan a antiguos agravios y sirven de excusa para convertir una vieja enemistad en una nueva bronca.

La distribución de recursos públicos a entidades federativas a través de los fondos de desarrollo regional del Ramo 23, es un arreglo institucional creado por un gobierno federal panista y que ya existía antes de que José Antonio Meade ocupara por primera vez la titularidad de la Secretaría de Hacienda. Ningún gobernador antes se había inconformado públicamente sobre la distribución de recursos a través de este mecanismo. Si bien es cierto que estos fondos pueden ser utilizados para facilitar negociaciones políticas, el hecho es que ningún partido político ha presentado propuestas serias para modificar en la ley la manera en que se maneja ese ramo. Se trata de un arreglo aceptado durante años por gobernadores de todos los partidos, que fue producto de la dinámica política, y que con la excepción de algunas voces en la academia y en la sociedad civil, que con mucha razón señalaron la discrecionalidad y opacidad de esos fondos, no ha sido cuestionado por nadie.

En este pleito barrial se ha dicho que la existencia de estos fondos fue la creación perversa de los 'tecnócratas'. La palabra tecnócrata, que en principio debería describir simplemente a servidores públicos preocupados por estudiar y desarrollar sus capacidades técnicas, se ha querido convertir en una especie de insulto. Hay quien incluso ha querido (helas!) culpar y demonizar nada menos que al ITAM de la existencia de esos fondos. Lo cierto es que el ITAM es una institución de educación superior de excelencia, plural y tolerante, resultado de un esfuerzo encabezado por ciudadanos libres, que a pesar de su modesta matrícula (unos cuatro mil alumnos en licenciatura), ha logrado convertirse en semillero del servicio público en el sector financiero, principalmente, pero también en veta de liderazgos empresariales, en organismos internacionales, la academia, medios de comunicación y organizaciones de la sociedad civil. En todos los partidos políticos militan en forma destacada egresados de esa institución, que no es neoliberal ni tecnocrática como sostienen sus detractores, sino liberal y técnica, como decía Alonso Lujambio. El ITAM representa lo mejor de lo que los mexicanos podemos construir; es un logro que hay que cuidar y alentar.

Un estudio hecho por el BID (Beyond the scandals, the changing context of corruption in Latin America), explica que América Latina pasa por un periodo transitorio en el que la consolidación de la clase media y el desarrollo de los mecanismos legales e institucionales para la rendición de cuentas, han abierto la compuerta a una oleada de escándalos de corrupción nunca vista antes en la región. Instituciones más capaces y una sociedad más facultada para exigir castigos a la corrupción. Esta tendencia se refleja en México bajo las características propias de nuestro sistema político. Nunca antes se había procesado a tantos exgobernadores por corrupción, pero lo cierto es que eso ha ocurrido cuando hay un cambio de partido político en la gubernatura. Eso muestra la presencia de incentivos para combatir la corrupción de los enemigos políticos y tolerar la de los aliados, y que en el fondo el problema raíz es la debilidad institucional y la parcialidad en el combate a la corrupción en México.

En suma, la queja de Corral no es por la imparcialidad ni por fortalecer las instituciones anticorrupción, es precisamente la exigencia de un trato especial, es por no recibir dineros de un fondo discrecional. Desde un punto de vista 'moral' en la construcción de instituciones para la rendición de cuentas, es lo mismo quejarse por no recibir recursos de esos fondos que quedarse callado cuando se reciben, al final no se aborda el tema de fondo. En nada se fortalece tampoco la institucionalidad anticorrupción si sólo se emprenden acciones en contra de antecesores que son de otros partidos.

Javier Corral está claramente en su papel de militante de un partido político que se encuentra en campaña en año electoral y es natural que pretenda subir apoyos a su 'tren'. Quienes le apoyan no se han dado cuenta –o pretenden no darse cuenta– de que hay un interés electoral en desacreditar a la tecnocracia, al ITAM (¡!) y a la Secretaría de Hacienda, por lo que es necesario ubicar este debate en el contexto de la elección presidencial. Esto no es un pleito nuevo, se trata de la vieja contienda electoral entre partidos. Eso es lo que los miembros del Comité de Participación Ciudadana del Sistema Nacional Anticorrupción no entendieron al apoyar a Corral en un evento público. Eso es lo que en muchas columnas de opinión se descarta. Se subieron al tren del mame electoral.

Los temas de fondo son cómo cambiar las reglas de la coordinación fiscal entre las entidades federativas y el gobierno central y hacerlas más trasparentes, evaluar el uso de dichos recursos y vincularlos a resultados; el otro es cómo fortalecer las instituciones anticorrupción para blindarlas de los intereses de los partidos. En eso hay que trabajar. Lo demás forma parte de la coyuntura electoral.

Twitter: @benxhill

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.