Por qué no funcionan los controles de precios
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Por qué no funcionan los controles de precios

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Por qué no funcionan los controles de precios

17/04/2018
Actualización 17/04/2018 - 11:21

Algunos políticos y diversas personas vuelven a insistir en que deberían de imponerse los controles de precios a diversos productos y servicios para que los consumidores nos beneficiemos de los mismos y mejore nuestro poder de compra. Otros más solicitan que se impongan salarios mínimos más elevados a los distintos trabajadores para que mejore su nivel de vida.

Ambos objetivos son deseables y debemos de buscar caminos para lograr estos loables fines; sin embargo, los controles de precios y de salarios no han sido la mejor manera para obtenerlos en el mediano plazo e incluso terminan por perjudicar a quienes se suponía iban a beneficiar.

Los precios de los diversos productos en el mercado libre se determinan donde coinciden la cantidad que ofrecen los productores y comerciantes con la que desean los consumidores, lo que se denomina precio de equilibrio. Hay que enfatizar que estos precios son resultado del comportamiento de millones de consumidores y oferentes que reaccionan a cambios en los gustos, en los costos de los insumos e impuestos, cambios en el clima y la lluvia, en el empleo y en las expectativas de millones de gentes. Por lo mismo, el sistema de mercado o de precios no es en sí mismo malo, ni vengativo o rencoroso, ni resulta de la explotación de la gente, sino sólo es el resultado de las decisiones de las personas en libertad.

Cambios en los precios son señales u órdenes para que los productores y comerciantes fabriquen y ofrezcan más cantidad de los bienes y servicios que solicitan los consumidores. Por otra parte, también son señales para que los consumidores reduzcan o incrementen el uso de ciertos bienes y los sustituyan por otros.

A veces los precios de algunos productos se elevan de manera artificial y excesiva por prácticas monopólicas, lo que se corrige con la instalación de más competidores o la apertura de la economía para importar los distintos productos. La mayoría de los países, incluido México, tienen disposiciones legales para impedir esta práctica negativa.

Sin embargo, en ocasiones las autoridades y los gobiernos deciden imponer controles a los precios fijados por los consumidores y oferentes al realizar sus intercambios de una manera libre. Si el precio que fijan se sitúa por debajo del precio del mercado, habrá una mayor solicitud de los productos que desean los consumidores, pero los fabricantes no estarán dispuestos a elaborarlos y venderlos. Por su parte, si el precio es por arriba del nivel de equilibrio, habrá un exceso de oferta que no se podrá desplazar y vender en los mercados.

El hecho de imponer un control de precios en una economía para evitar que los mismos suban es equivalente a propiciar que los productores ofrezcan menos de esos productos, ya que no podrán cubrir sus costos en el mediano plazo. En este escenario se cambiarán a fabricar y ofrecer otros productores que no estén controlados o se mudarán a otros países para seguirlos fabricando o simplemente dejarán de trabajar. Como resultado final de este control habrá un mayor desempleo y escasez.

Por su parte, los consumidores demandarán más de los mismos bienes y servicios que están dentro del esquema de precios controlados, desequilibrio que se reflejará en escasez en los distintos mercados. Para evitarlo, es posible que el gobierno decida importarlos directamente o subsidiar su producción, para lo cual tendrá que elevar los impuestos o incurrir en elevados fiscales con graves consecuencias.

Un buen ejemplo del impacto de los controles de precios es lo que sucede en Venezuela en la actualidad, en donde el precio de la gasolina ha estado controlado durante varios años y en la actualidad el litro se vende en tres centavos de dólar norteamericano (depende del tipo de cambio que se utilice, ya que esta divisa también tiene su precio controlado y posee diversas cotizaciones). Con esto se coloca como el país del mundo donde este energético es más barato, pero también coincide con que esta nación tiene uno de los déficits fiscales más altos al ser de 21 por ciento del PIB. Hay que destacar que su economía cayó 12 por ciento el año pasado y la inflación fue de mil 200 por ciento.

México ya trató el esquema de precios controlados en los 70 y 80, que lo llevó a graves crisis financieras y económicas, tardando años en superarlas. Hay que ser muy cuidadosos y evitar regresar a esta estrategia.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.