Opinión

Basta, dejemos de evadir la realidad

En México estamos viviendo una de las peores crisis de la que tengamos memoria, y esto lo digo porque se han trastocado casi todos los ámbitos de la vida nacional. La pobreza sigue siendo un lastre que nos lastima a todos, la falta de educación y por ende de oportunidades, no advierte un mejor futuro. México sigue siendo un país en donde los gobernados quieren que sea el gobierno quien resuelva todos sus problemas. Hace no mucho tiempo se acotó el presidencialismo y, sin embargo, hoy muchos de los ciudadanos ven en el Presidente de México al responsable de todo lo que pasa en el país y eso me parece injusto, además de mostrar una ciudadanía inmadura para la democracia que dice quiere que exista.

El Presidente Enrique Peña Nieto está en vísperas de hacer cambios drásticos para generar una mayor gobernabilidad y seguridad pública, pero ¿Qué pasa con nosotros los ciudadanos? ¿Cuándo seremos capaces de cambiar nuestras actitudes de abulia y egoísmo? Gran parte de la problemática está en nuestra idiosincrasia, la cultura del que no transa no avanza no sólo se da entre ciudadanos y gobernantes, sino también en la las empresas, entre ellas y, por supuesto, son los individuos quienes participan en la corrupción.

¿Dónde perdimos el rumbo? ¿Cómo pasamos de un asunto municipal a uno estatal y luego a pedir la renuncia del propio Presidente de la República? Los distintos grupos que buscan imponer su agenda aunque para ello sea necesario la desestabilización del país, no están siendo útiles para el proyecto de nación que todos queremos y su descripción es muy simple: un país productivo, un pueblo educado, orden social, empleos, acabar con la pobreza con el único método que existe, la generación de riqueza. Tenemos un país extraordinario, pero con problemas añejos que no hemos sido capaces de dejar atrás, con una clase política sumamente egoísta que inhibe muchas veces el bienestar, buscando satisfacer sus propios intereses, medios de comunicación totalmente insensibles que no ayudan a crear conciencia y un pueblo que ha perdido valores, desde los familiares hasta los cívicos y nacionalistas.

Hoy quienes luchan porque no haya impunidad la exigen para sí mismos. Me parece que los gobiernos han sido tan tolerantes que hoy se advierten débiles. Si yo voy y quemo la puerta de Palacio Nacional seguramente acabaría preso, entonces ¿por qué permitir que haya quien se atreva a hacerlo y no pueda ser castigado? El estado de derecho, no sólo tiene que ver con el gobierno, sino también con que los ciudadanos nos ciñamos a él. Todos sabemos que Guerrero es la cuna de la guerrilla y que ésta hace años se financia de los grupos delictivos. Ésta simbiosis es una obscura maraña en la que se nota que a río revuelto ganan los cárteles delincuenciales, pero no México.

La Procuraduría General de la República y la Comisión Nacional de Seguridad han hecho un gran trabajo en el caso de Ayotzinapa, pero a muchos les cuesta reconocerlo por el simple hecho de que descalificar resulta más rentable a los intereses de quienes pretenden hundir a México. Todos sabemos que existen grandes rezagos y retos que afrontar, que falta mucho por hacer, pero no es el gobierno el único que tiene la obligación de sacar adelante a México, todos debemos de actuar con amor a la patria, por el bien de todos. Mover a México es un compromiso de todos los mexicanos.