Opinión

Basta de tolerancia

 
1
 

 

Donald Trump

El gobierno de Peña Nieto no puede seguir tolerando las ofensas de Donald Trump a México. Hacen daño nacional e internacionalmente a nuestro país. La Cancillería debería enviar una enérgica protesta –no al bruto, que es un particular- sino al Partido Republicano estadounidense; como será poco el caso que hagan, debería acudir también al Comité de Derechos Humanos de la ONU.

Sólo hay dos antecedentes de protestas diplomáticas de México en más de medio siglo, la de Peña Nieto ante el gobierno de Egipto y la de Felipe Calderón ante Washington. Urge la tercera para denunciar el discurso de odio y discriminación de quien posiblemente será presidente de Estados Unidos.

En el mal humor nacional también influye el silencio oficial, que implica dar la razón a los insultos. Afuera y adentro hay que recordar lo que es México. Hay que hacerle saber a los seguidores de Trump que hay mil razones por las que México tiene que ser respetado y a los nacionales, que no tienen por qué apechugar ofensas.

Diputados de oposición han exigido un pronunciamiento del gobierno de Peña Nieto, pero no lo han hecho sus bancadas ni el Congreso. Están preocupados porque la campaña de odio de Trump y el silencio de nuestro gobierno, ya dañó las relaciones entre los dos países y la vida de los connacionales allá.

El gobierno de Peña Nieto protestó en septiembre del año pasado ante el de Egipto por el ataque del ejército de ese país a un grupo de turistas, entre los cuales perecieron ocho mexicanos y seis resultaron heridos. No fueron atacados por ser mexicanos, sino por un lamentable error militar, que valió para que la secretaria Claudia Ruiz Massieu viajara al país africano con la evidente intención de hacer ostensible la intervención del gobierno en un suceso tan lamentable como accidental.

Donde sí mueren personas por el hecho de ser mexicanos es en la frontera con Estados Unidos. Cientos de emigrantes son víctimas cada año de ataques xenófobos y racistas a manos de particulares armados con rifles (Vea la película Desierto, de Jonás Cuarón), o por la brutalidad de oficiales de la patrulla fronteriza.

Nuestro canciller nunca ha viajado a Estados Unidos por algún caso de esos. El único antecedente de una protesta oficial es de abril de 2012, durante el gobierno de Calderón; se envió una nota diplomática por la decisión del Departamento de Justicia de ese país de exonerar sin juicio al agente de la Patrulla Fronteriza, Jesús Mesa, quien mató a Sergio Adrián Hernández Güereca, de 15 años, el 7 de junio de 2010 en la línea fronteriza, en territorio de Ciudad Juárez.

A pesar de la protesta mexicana, la justicia estadounidense cerró el caso en abril del año pasado con el argumento de que la familia de Sergio no podía demandar al policía en suelo estadounidense, debido a que los efectos del tiroteo tuvieron “repercusiones en México”.

El etnocentrismo y prepotencia estadounidenses están excitados entre millones de blancos clasemedieros que comparten la visión de un país fallido, manejado por políticos ineptos, con enemigos externos identificados como México, anhelantes de someterse a quien les promete “hacer grande a Estados Unidos de nuevo”.

Muchos en México apuestan a que Trump cambiará su discurso de campaña si es Presidente, y que se olvidará del muro en nuestra frontera, del impuesto del 35% a las importaciones de automóviles armados en México y de deportar a 11 millones de indocumentados. Lo cierto es que si llega a presidente, le exigirá a México lo indecible, tanto como la debilidad política del silencio oficial se lo permita.

http://estadoysociedad.com

También te puede interesar:

México es demasiado importante

Meritocracia y democracia

“Financiarización”