Opinión

Barragán: cenizas y diamantes

18 mayo 2017 5:0
 
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Luis Barragán. (ArquitectosMX.com)

A Raquel, esmerada compañía

Uno. Un viejo amigo, sabio porque no le sorprende nada de lo que pasa en este México al pairo, me dijo que aplaudía las mesas de discusión que la Coordinación de Difusión Cultural había convocado con motivo de la polémica que está levantando una muestra de Jill Magid (puntualmente desconocida hasta ese momento), en el MUAC.

Dos. Pero había un prietito en el arroz, o gorgojo en los frijoles a atenderse el avanzado pensamiento social del “Peje”. ¿Cuál? La materia no correspondía a juristas (si bien tiene por impecable el argumento de la Dra. Ingrid Brena), historiadores del arte o filósofos, sino a especialistas en planes de negocios. Profesores del CIDE o del TEC. En principio, aunque lo escuché atento como ante un Profeta, no le hice caso. Hasta no ver…

Tres. ¿Qué brinda al incauto “Jill Magid. Una carta siempre llega a su destino. Los archivos Barragán”? Luis Barragán, el portentoso arquitecto tapatío, fallecido en 1988, hombre en lo privado devoto católico, sin descendencia, y renuente a los reflectores, y cuyos restos se trasladaron a la Rotonda de los Jalicienses Ilustres en 2002. Y a quien se le había otorgado en 1980 el prestigiado Premio Pritzker en Arquitectura.

Cuatro. De entrada, “Autorretrato pendiente”, la desconcertante montura de un anillo que alojará, en forma de diamante, las cenizas de la Magid, cuando fenezca. El contrato con la empresa encargada de la tarea ya ha sido firmado. Viene en seguida “Mujer con sombrero”, que enmarca testimonios del conflicto entre la Fundación Tapatía de Arquitectura Luis Barragán, en México (poseedora del archivo personal), y la Barragan Foundation, en Suiza (poseedora del archivo profesional). Pensé, museográficamente, en que hubiera convenido un ring.

Cinco. Se pasa a “Cuarteto” y luego a “Homenaje”. El primero, un video que mezcla a Samuel Bekett y a André Maurois (estos sin deberla ni temerla), y a Jiil y a Francisca Zanco, de la Barragan Foundation. El segundo, en palabras de Gaceta UNAM (núm. 4,869, p.16), contiene consideraciones de Magid sobre “las implicaciones de los derechos de propiedad intelectual en beneficio de un acercamiento más generoso a la cultura”. Lo cierto es que pesa lo documental.

Seis. Toca su turno a “La Propuesta”, intercambio epistolar entre Magid y Zanco. Volví a pensar en la pertinencia de un cuadrilátero boxístico. Y, en “Ex-voto”, al fin, objetos si no artísticos artesanales. Cinco caballitos, homenajes, respectivamente, a la familia Barragán (la parte que solicitó la sustracción de cenizas del arquitecto), al gobierno de Jalisco que autorizó la exhumación (¿ilegal?), al caballito de plata (no hecho en Taxco, aclaro) que sustituyó los 5.25 gramos sustraídos (¿ilegalmente?) de la urna, al anillo de Barragán con sus cenizas mudadas diamante (azul, 2.02 kilates), y al anillo por fabricar si Zanco cede el archivo profesional. ¡Ah, y la instalación floral de un ex-voto¡ Un video exhibe la sustracción de las cenizas, por dos competentes albañiles.

Siete. ¡Uf! Confieso mi predilección por las vanguardias, las europeas de los 20’s y los 30’s, y las norteamericanas de los 50’s y 60’s, y celebro la etiqueta que me puso mi entrañable Emmanuel Carballo, de escritor vanguardista. Pero lo que vi en el MUAC, con todo y los excesos del arte Contemporáneo (un joven compatriota se entera que el metal de la Zona Cero neoyorkina acaba en ollas, compra una o dos, aprende a cocinar, elabora un Poética de la Comida, se inspira en la “tomatina”, consigue sala para exponer y una beca). ¿Esto es Arte o Anti Arte? ¿O qué rayos?

Ocho. Convengo con mi amigo, y sabio. Lo que expone el MUAC es un plan de negocios. Idea que se refuerza con la noticia de que Vitra, cuyo CIO adquirió el archivo profesional, además de empresa de muebles suiza, tiene un Museo de Diseño. Toda una “marca”, la marca Luis Barragán. Que, cínicamente, no suena mal como contrapartida a la que ha sido la “fridakalizado” Occidente.

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