Opinión

Barbarie y libertad

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Estado Islámico. (AP)

Gil ha notado que cada vez son menos los impresos que abren la ventana de la casa mexicana para ver el mundo. Gamés había leído con los ojos de plato la noticia de la ejecución del piloto jordano Moaz Kasabech, quemado vivo dentro de una jaula, como un trozo de madera, cuando encontró otras noticias del Estado Islámico. Gamés lo leyó en su periódico El País. Jordania cumplió la promesa de venganza y ejecutó en la horca a Sayida Al Rishawi y Ziad al Karbuli, ambos iraquíes, acusados de actos de terrorismo.

Oigan esto: la Comisión de Naciones Unidas de los Derechos del Niño informó que los yihadistas venden a niños y niñas iraquíes como esclavos sexuales, a otros los crucifican y a otros los entierran vivos. Los niños son utilizados también para hacerse explotar en atentados suicidas, como informantes o como escudos humanos. Muy bonito. Estas son las noticias que renuevan la fe de Gilga en el género humano.

Renate Winter, integrante del comité de Naciones Unidas: “nos preocupan profundamente las torturas y los asesinatos de estos niños yazidíes, chiíes y suníes. El Estado Islámico ha ejercido violencia sexual sistemática contra niños. Los venden como mercancía, los ofrecen con etiquetas pegadas al cuerpo que llevan el precio”.

La prédica de Abdel

En la misma edición de El País, Gil pescó esta bota en el agua sucia de nuestros días. Resulta que un sermón que pronunció recientemente el imán egipcio Abdel Meoz Al Eila en la mezquita Al Anur en Berlín, frecuentada por extremistas salafistas, ha comenzado a envenenar el delicado equilibrio que existe en la capital germana entre las autoridades y la comunidad musulmana. La prédica de Abdel dice: “Como dijo el profeta Mahoma, si un hombre invita a su mujer a la cama y ella se niega y decide dormir, los ángeles la maldecirán hasta que despierte. A la mujer no le está permitido excusarse, ni tampoco puede impedir que su cuerpo sea utilizado para darle placer a su esposo, incluso si ella está menstruando”.

Gamés no quiere ponerse pesado, pero muchas veces se pregunta dónde quedaron las organizaciones feministas, que se fizieron las combativas, se fizieron humo. Sigue Abdel: “La mujer debe permanecer en casa y dedicar su tiempo al cuidado de los hijos y de su hombre. Ella debe cocinar, limpiar el piso, ordenar la casa”. La prédica de Abdel pronunciada en árabe se encuentra en la página en internet de la mezquita ubicada en Berlín.

En Berlín viven 300 mil musulmanes y hay 80 mezquitas. El ministro del Interior del Gobierno de Berlín, Frank Henkel, advirtió: “La prédica repleta de odio misógino es un insulto para cualquier persona civilizada. Esta tenebrosa ideología religiosa que desprecia a la mujer no tiene cabida en nuestra sociedad”.

Respeto

El corazón simple de Gil pregunta al viento: la dura réplica de Henkel al predicador Abdel, ¿es una ofensa a la vida islámica? Si se publicaran una serie de caricaturas críticas, unos cartones satíricos publicados en una revista, ¿podrían ser considerados un exceso de la libertad de expresión? Gamés considera que una sátira de Abdel, el predicador, no sólo no sería una ofensa a Mahoma y al Corán, sino que sería saludable que se imprimieran una tras otra y cada una más sulfídrica que la anterior. La idea de contener la libertad satírica habría dado al traste con las obras de Aristófanes o Juvenal, para abrir boca. ¿Cómo ve a Gil defendiendo la libertad de la sátira contra viento y marea? Gamés caminó sobre la duela de cedro blanco como si fuera Lucilio, mju: duro con Abdel.

Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: nada más lejano de la sátira que el respeto a las costumbres y los vicios propios y ajenos. De eso tratan la ironía, el sarcasmo, la diatriba, la ironía, lo burlesco.

Gilga recuerda que hace unos días leyó en un texto de Savater que no todas las opiniones son respetables. Dice el filósofo: “Empecemos por descartar un tópico bobo y falso: ‘todas las opiniones son respetables’. Pues no, ni mucho menos. Todas las personas deben ser respetadas, eso sí, sean cuales fueren sus opiniones”.

Sí, los viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras los camareros se acercan con las bandejas que sostienen botellas de Glenfiddich 15, Gamés utilizará una Biblia y un Corán como portavasos y pondrá a circular la frase de Vincent Van Gogh sobre el mantel tan blanco: “Cuando siento necesidad de una religión, salgo de noche para pintar las estrellas”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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