Opinión

Barack Obama ¿un gran fracaso?

SYRACUSE, NY.–– La elección de Barack Obama el 4 de noviembre de 2008 causó un enorme júbilo popular en Estados Unidos. Finalmente llegaba a la Casa Blanca un afroamericano, quien con su mensaje de esperanza aliviaría el gran mal que estaba afectado a este país: la polarización política. Su retórica elegante, emanada de una voz grave y clara, despertaba comparaciones con otro campeón demócrata y reconocido orador, John F. Kennedy. El mundo entero percibió con gran ilusión la elección de Obama. El día que visitó México por primera ocasión, 16 de abril de 2009, a sólo tres meses de haber llegado a la oficina oval, escuché un comentario que capta bien la expectación que despertaba: “es un líder que parece caminar en el agua.”

En su sexto año en la Oficina Oval ¿podemos decir que Obama ha sido una gran decepción?

Sí, pero un juicio definitivo es prematuro.

Obama ha sido una decepción por que no ha podido subsanar la enorme polarización política en Estados Unidos. No aprovechó su enorme oportunidad para renovar a este país --educación, seguridad social, finanzas públicas e infraestructura (los aeropuertos y carreteras en este país ya no se gozan, se sufren). No logró algo esencial para el futuro de Estados Unidos y la relación con México, la reforma migratoria. Tampoco frenó el pesimismo que está afectando a este país desde hace una década. Según una encuesta de este mes del Wall Street Journal-NBC, 76% de los estadounidenses con más de 18 años consideran que los hijos de la nueva generación no tendrán una vida mejor que la de ellos.

Sin esperar al juicio de la historia que a menudo muestra sorpresas reivindicando o demonizando presidentes, habría que señalar que Obama ha logrado transformaciones innegables. La reforma de salud le ha dado a este país, aunque le pese a los conservadores, más justicia social. Su manejo económico ha sido loable si se toma en cuenta que asumió la presidencia en medio de una crisis que no se había dado desde 1929. Y entre otros logros, el avance en la agenda de cambio climático, especialmente en la generación de energías renovables, merece reconocimiento pues era un terreno sumamente minado.

Las críticas más fuertes para Obama están en el terreno de la política exterior y seguridad nacional. Únicamente 36% del público apoya su labor (Gallup-agosto). La condena casi unánime es que el líder del país más poderoso del mundo no ha estado a la altura de los retos y le ha temblado la mano a la hora de cumplir sus amenazas. No castigó al régimen tiránico de al-Asad en Siria cuando se comprobó que utilizó armas químicas. Su propia exsecretaria de Estado Hillary Clinton rompió filas insistiendo que en Siria habría que tener una “posición más musculosa.”

A mi juicio, no obstante las abrumadoras críticas del presente, es en el terreno de la política exterior donde Obama ha ejercido un liderazgo que pasará a la historia.

Dos elementos de su doctrina de seguridad me parecen trascendentales: la necesidad de tejer alianzas internas e internacionales para cualquier actuación externa, así como la no intervención más que en caso de peligro inminente para Estados Unido o sus aliados.

Lo que no requiere esperar el juicio de la historia es la condena unánime a su estilo personal de gobernar: actitud distante, incluso fría, ante las desgracias.

Obama, me confiaba un campeón demócrata del Senado, “ha sido la mayor decepción de mi vida política porque no le gusta y no sabe pelear”. Según este experimentado político, Obama cree que con un diálogo racional se puede ganar un voto, y desprecia la necesaria práctica política de doblarle la mano al enemigo; o cuando es el caso, comprarlo. Obama, aparentemente, repudia a la clase política y sus prácticas como el chantaje, intimidación, compra de votos y el puro y duro trabajo partidista. Al igual que Vicente Fox en su momento, Obama será visto como un candidato estrella que no pudo transmitir la energía de su campaña a la negociación diaria con la clase política.

Este verano ha sido escarnio de un error de juicio que seguramente será un fantasma para el resto de su presidencia y tal vez de su legado. Acto seguido de la conferencia de prensa en que condenó la decapitación del periodista James Foley a manos de un militante (aparentemente británico) del Estado Islámico de Siria e Irak (ISIS por sus siglas en inglés), se fue a jugar una ronda de golf en el exclusivo resort de Martha´s Vineyard.

Las imágenes de los padres del periodista llorando y Obama relajado en su carrito de golf quedarán en las mentes de ambos, sus detractores y seguidores.