Opinión

Bannon fuera

    
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Steve Bannon

La salida de Stephen Bannon como estratega en jefe del presidente Donald Trump, tiende la engañosa cortina de que el evento está relacionado con la abrupta y muy polémica respuesta del presidente a la tragedia de la violencia racista en Charlottesville, Virginia, pero nuevas revelaciones del diario The New York Times, apuntan a una salida negociada desde el mes de julio.

Fue el nuevo Jefe de Oficina, el general John Kelly quien acordó una salida negociada con Bannon. Sus posturas críticas, sus eventuales filtraciones –no comprobadas pero de alta sospecha para Trump- además de los continuos choques con Jared Kushner el yerno, y con la propia Ivanka habían provocado un creciente distanciamiento con el presidente. Bannon se estaba convirtiendo más en una carga, en un peso negativo para la administración que un activo valioso cerca del presidente.

En ese contexto estalló Charlottesville, las protestas y las intempestivas –como siempre- respuestas Trump. Existen versiones de que Bannon ni siquiera intervino en el lenguaje y los mensajes de Trump: “Había gente buena en ambos lados”, que tan enérgico rechazo recibió de su propio Consejo de Manufactura –la renuncia de siete destacados empresarios estadounidenses- hasta que el presidente decidió cancelar también el Consejo de Industria.

Lo que se exhibió con esos mensajes fue la auténtica ideología de Trump, su indudable simpatía por los supremacistas blancos, su identificación transparente con los nacionalistas radicales. Ese es el verdadero pensamiento del habitante en la Casa Blanca. Por ello la salida de Bannon elimina del tablero al culpable obligado: sin el asesor supremacista y racista, ya no habrá a quien echarle la culpa.

Bannon se opuso consistentemente a “suavizar” el discurso de Trump con los demócratas en busca de coincidencias y conciliación para avanzar en las piezas legislativas congeladas. Se opuso también en utilizar recursos diplomáticos con Corea del Norte –frente al que considera como la vía militar la única salida- y ha sido un enérgico opositor de las posturas de Ivanka y su marido.

¿De qué forma aprovechará la administración la salida del elemento más controversial, explosivo –según historias del staff en la Casa Blanca- y tóxico en opinión de muchos? ¿La desaparición de Bannon en el entorno cercano al presidente permitirá alcanzar una mayor estabilidad en la caótica Casa Blanca de Trump?

Nadie tiene las respuestas. Lo que resulta un hecho es que ya no habrá en depósito de las culpas para entender los excesos nacionalistas, propagandistas y con frecuencia, de mentira compulsiva que caracteriza el estilo personal de Trump.

La salida puede aprovecharse como un injustificado culpable por las declaraciones y reacciones en torno a

Charlottesville, pero de fondo se sabe que el mismo Bannon no estuvo relacionado. Existió entre ellos una relación más amplia y profunda durante el último año, la recta final de la campaña que el propio Bannon gusta en decir que rescató. Pero Trump afirmó recientemente que él llegó más bien tarde a la contienda. El hecho más trascendente es que comparten ideología, enfoques, puntos de vista, visiones duras y agresivas respecto al mundo y los vecinos, que empoderó fuertemente al señor Bannon. Ahora se dice que preparará unas memorias y será invitado por algún programa de TV como analista a contar lo que vio desde dentro, elemento que podría provocar la ira de su antiguo jefe y amigo.

Twitter: @LKourchenko

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