Opinión

Baltimore y las lecciones
de cómo reaccionar ante una crisis

 
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Baltimore: (Reuters)

Horas después del funeral de Freddie Gray, un afroamericano de 26 años de edad que murió a causa de una herida que le rompió la columna al encontrarse en custodia de la policía de Baltimore, empezó una de las protestas más violentas que ha enfrentado una ciudad en Estados Unidos desde hace décadas.

Para cualquier democracia, enfrentar violentas protestas por parte de ciudadanos marginados y discriminados es uno de los grandes retos. ¿Cómo regresar el orden, respetando el Estado de derecho sin promover o incitar más violencia? Errores y aciertos que ante la coyuntura de violencia que se vive en México por parte de ciudadanos marginados, estigmatizados y del crimen organizado, valdría la pena analizar.

Las protestas en Baltimore surgen en un ambiente en donde la comunidad afroamericana en muchas de las grandes ciudades cuestiona el trato que reciben de las autoridades y las policías. Y a pesar del color del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, además de nombramientos claves en su gabinete, incluyendo la nueva procuradora de Justicia, Loretta Lynch, y la misma alcaldesa de Baltimore, Stephanie Rawlings-Blake, ha crecido la sensación en los últimos años que las policías, especialmente las locales, abiertamente y con impunidad violentan los derechos de los afroamericanos en Estados Unidos. Además los matan.

Lo que sucedió en Baltimore este lunes hay que ponerlo en el contexto de otras muertes de hombres afroamericanos a manos de policías locales que terminaron en protestas. De hecho, la muerte de cualquier afroamericano a manos de alguna autoridad o de policías está recibiendo atención y escrutinio de los medios y de la sociedad. Además de la importancia que están teniendo los videos de transeúntes y testigos, que han permitido balconear el comportamiento de la policía. En algunos casos, aunque pocos, estos videos justifican la violencia ejercida.

Y aunque se teme que podría de nuevo explotar la violencia en Baltimore, las autoridades tomaron pasos contundentes. Algunos cometiendo errores garrafales. Empecemos con la incapacidad y los errores de la alcaldesa de Baltimore, que claramente no estaba preparada ni tenía claro su mensaje para la conferencia de prensa ante la violencia que se incrementaba después del funeral de Gray, que se desbordó con el ataque a policías, el incendio de una farmacia y un asilo de ancianos. No sólo se tardó en pedir apoyo del gobierno estatal para que mandaran la Guardia Nacional –tal vez pensaba que podría haber un costo político demostrar que estaba fuera de control su ciudad–. Además, en lo que muchos han calificado como el comentario más estúpido que puede hacer un funcionario ante la violencia de manifestantes, dijo la alcaldesa que “también le dieron espacio para aquellos que quisieran destruir.” O sea que les dio permiso a los vándalos de golpear, quemar y destruir como una forma de protesta. ¿Mmmm cuántos mandatarios de una forma u otra han condonado la destrucción y la violencia como forma de protesta en México?

La reacción del gobierno estatal y del gobierno federal fue rápida y contundente. La policía antidisturbios usó gas lacrimógeno para dispersar a los manifestantes. Éstos incendiaron al menos dos vehículos de la policía y varios centros comerciales fueron saqueados. En la ciudad se registraron al menos dos incendios. Se movilizaron más de mil policías y elementos de la Guardia Nacional que el gobernador mandó inmediatamente esa misma noche y se pidió apoyo a policías de otras ciudades. Se declaró toque de queda para el día siguiente, se cancelaron las clases, se suspendieron partidos de las Grandes Ligas en la ciudad. De hecho en una decisión histórica, el partido entre los Orioles de Baltimore y las Medias Blancas de Chicago se jugarían esta semana, pero en un estadio vacío. El resto de los partidos de las siguientes semanas se acordó que se jugarían fuera de Baltimore. Otra interesante lección del actuar de las autoridades es que ante el nivel de violencia, el gobernante y la sociedad no puede permitir un mensaje de “nada pasa, todo sigue igual”.

Y a pesar de que el presidente Barack Obama se encontraba en medio de una visita oficial del primer ministro de Japón, Shinzo Abe, hizo un comentario durante la conferencia de prensa reconociendo el enojo de los manifestantes ante la muerte de otro afroamericano en manos de policías, pero firme en que no toleraría que se recurriera a la violencia como forma de protesta. “No están protestando, están robando”, dijo el presidente a manifestantes.

Todas estas decisiones se hicieron en menos de 24 horas ante el temor de que la violencia continuara. Lección para los gobernantes que enfrentan a violentos en sus ciudades: Hay que tomar decisiones rápido, y que se sienta que las autoridades tienen control y sobre todo presencia.

Pero para que este tipo de reacción funcione y no se propicie más violencia, las autoridades deben tener credibilidad y autoridad moral.

Ahí está el problema…

Twitter: @Amsalazar

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