Opinión

Bálsamo de Moody’s
tras heridas fiscales y de confianza

Como un verdadero —y muy merecido— bálsamo debió caer ayer al secretario de Hacienda Luis Videgaray la subida en la calificación de deuda soberana de nuestro país al nivel “A3” por parte de la agencia Moody’s, sobre todo tras los muy duros datos revelados en la mañana por el INEGI respecto de la caída en la confianza del consumidor.

La verdad es que el inicio de febrero no ha sido fácil para el gobierno.

Veamos: (1) el estupor de la comunidad de profesionales y contables dedicados a lo fiscal no termina aún; (2) la comprensión de esa nueva realidad fiscal por parte de la sociedad es muy limitada; (3) el crecimiento económico es prometedor sólo en los pronósticos, y todavía no en la realidad; (4) las presiones contra el peso se acumulan; y (5) cada vez mucho menos gente piensa que la economía no va bien y que no puede, por ejemplo, comprar actualmente bienes duraderos. En pocas palabras, el ánimo a nivel de calle no es bueno.

Por ello, bien hizo Hacienda en calificar de favorable la elevación de la calificación de deuda y en acentuar que esta es la primera vez que nuestro país tiene acceso a una nota categoría “A”. Es cierto; como también lo es que los costos del financiamiento para el gobierno se reducirán, y ello repercutirá favorablemente en la cascada crediticia que llega hasta las familias e individuos que piden créditos. En otras palabras, Moody’s acaba de decirle al mundo que desde ayer los mexicanos somos un pelín menos riesgosos (o más fiables) de lo que éramos anteayer. Bien.

No obstante lo anterior, sospecho que una buena cantidad de mexicanos lo pasará mal durante febrero, en marzo y abril… y ahí Moody’s no nos puede ayudar. La razón es sencilla: la medicina para corregir las fallas estructurales está entrando de lleno en estas semanas, sobre todo con la nueva realidad fiscal. Por eso la confianza del consumidor se encuentra tan deteriorada, y en el rubro que mide la posibilidad de comprar bienes duraderos, por ejemplo, la caída con cifras desestacionalizadas fue de 14.9 por ciento, ciertamente un desplome brutal. La gente tiene desánimo y lo de Moody’s no lo corrige.

Una gran interrogante para el futuro inmediato es si el secretario Videgaray mutará formas y preferirá iniciar un cambio de discurso para congraciarse con capas amplias de la población. Si elige que ése será el camino, seguramente aprovechará el pacto de estabilidad fiscal para lanzar la faceta amigable desde Hacienda. Pero puede que su elección sea más bien técnica, y que la inyección tributaria que nos está suministrando no venga acompañada de un apapacho sino de un “aguántese, que este medicamento es indispensable”. En cualquier caso, insisto, hay que apoyarlo.

Twitter: @SOYCarlosMota