Opinión

Balance de campañas

 
1
 

 

Módulo especial spots de partidos políticos

A la mitad del camino, a 30 días de campañas y a otros 30 de la cita en urnas, hemos visto bastante del esfuerzo publicitario y propagandístico de partidos y candidatos para hacer un sencillo ejercicio de corte a estas alturas. Vamos por partes:

Propuestas: Prácticamente inexistentes. Las campañas han carecido de contenidos de fondo sobre el rumbo que demanda el país, el papel que deben jugar como representantes populares o más aún, de los compromisos mínimos que asumirían en caso de resultar electos. Una de las barreras o impedimentos para hacerlo es este cansado y desgastante formato de 20 o 30 segundos de spot televisivo o radiofónico, donde resulta imposible transmitir una idea o propuesta. Sin embargo, el énfasis ha estado en las canciones, los gingles, los bailables y el humor. Cero ideas, no iniciativas de avance, cambio, transformación.

Tono: Según las clásicas premisas estadounidenses de que las elecciones se ganan mediante el ataque a los flancos más vulnerables de los contendientes, varios partidos y candidatos han concentrado su energía, tiempos y recursos en el ataque y la denostación de los otros. Pero no todos, en general, sino de aquella fuerza política identificada como el enemigo a vencer, el electorado a arrebatar, la posición que disminuir.

Así el PAN ha concentrado buena parte de su estrategia en golpear al PRI en la delicada y muy rentable línea de la corrupción. Morena ha dirigido algunos ataques más genéricos como “los ladrones de siempre”, o “los corruptos de toda la vida”, donde caben, los que a juicio del auditorio se identifiquen en esa categoría: el PRI, el PAN y por supuesto el PRD.

El tono degradante de campañas centradas en el ataque, la cancioncita, las fáciles promesas ha sido el predominante.

Recursos y financiamiento: Ese oscuro capítulo de la ley que autoriza unos gastos y carece de instrumentos para controlar el origen de otros, ha probado que muchos candidatos se han excedido en viajes, aviones, espectaculares, propaganda y regalos. Si despensas, si electrodomésticos, paquetes de tortillas con logo y lema del partido (PRD) impresos en la envoltura, mochilas y útiles (PVEM), tarjetas con depósitos para compras en almacenes (PRI) y demás artilugios de la subcultura electoral. Hay de todo y en creciente sofisticación. Dos candidatos del PAN (Domínguez en Querétaro y Mendoza en Baja California Sur) fueron grabados en una inculpatoria conversación que hablaba de recibir seis millones de pesos a la semana. Ahí nada más.

A pesar de los esfuerzos por restringir el uso discrecional de recursos en campaña, muchos asesores y consultores siguen recibiendo pagos en efectivo, que no pasan por ninguna contabilidad. Los mecanismos de la ley electoral siguen siendo, cuando menos, incompletos e incapaces de controlar la llegada de dineros, especialmente los de origen oscuro, vinculado al crimen organizado o la delincuencia.

A esto sumamos gobiernos, funcionarios y servidores públicos que destinan recursos monetarios, físicos (vehículos, computadoras, teléfonos, impresiones, etcétera) y humanos al servicio de candidatos de sus partidos.

Escándalos: Múltiples. Los excesos del Verde, su colección de multas y la recurrente conducta de infringir la ley de forma sistemática, con cinismo y calculado rédito; la incapacidad del INE para contener dichos excesos y buscar la “solución legal” para castigar en serio sin parecer antidemocrático; Sonora y la guerra indirecta entre Beltrones y Padrés a través de sus candidatos; los panistas y el dinero en Querétaro; los parientes del PRD en la ciudad de México; el partido único de AMLO que anticipadamente viola la ley al promover a un personaje que ni siquiera es candidato “en estas elecciones” y su ruleta por candidaturas; Movimiento Ciudadano a la caza de personajes de relevancia y notoriedad para reclutarlos como candidatos, sin importar sus ideas, posturas y pasados; Ebrard en la busca desesperada por el fuero.

Las campañas han probado tristemente que nuestra joven democracia sigue en una larga, torpe e inacabada transición que no termina por madurar.

Twitter: @LKourchenko

También te puede interesar:
Baltimore
¿Y los islamistas en México?
Hillary, una vez más