Opinión

Balaceras escolares

    
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Violencia en las escuelas. (Schutterstock)

Al día siguiente de la balacera en el Colegio Americano del Noreste, en Monterrey, abundaron las explicaciones por parte de opinadores y expertos en psicología adolescente, que intentaban hacer sentido del sinsentido que es la violencia.

En un par de diarios leí a colegas que le daban todo el peso de la tragedia al perfil de personalidad del agresor y a la disfunción familiar y dejaban fuera otras causas de orden social que también deberían haber tomado en cuenta.

Maestras y padres de familia del Colegio Americano opinaron a favor y en contra del operativo Mochila Segura. El siempre brillante gobernador de Nuevo León declaró que la rebeldía se cura en colegios militares, donde se puede corregir a los hijos de padres y madres incapaces. Lo que no sabe El Bronco es que el autoritarismo en la familia y en la escuela suele derivar en conductas desafiantes y en la adhesión a grupos radicales en los que el adolescente siente protección de la tiranía.

Que algo así haya ocurrido, no tiene una explicación categórica y menos cuando acaba de pasar y no existen todos los elementos para entender las motivaciones de un adolescente para matar y matarse. Un diagnóstico de depresión no es causa suficiente. Los perfiles de personalidad de los muchachos que han balaceado escuelas varían entre sí, aunque algunas investigaciones han tratado de encontrar rasgos comunes y señales de alerta que sirvan a padres y maestros para detectar a un joven en riesgo.

Una posible motivación puede ser aparecer en diarios y redes sociales. Convertirse en una 'celebridad' tiene un atractivo para las nuevas generaciones, cuyo principal deseo en la vida es ser famosos. Este es un incentivo que no existía antes y que hoy es una realidad: unos asesinos inspiran a otros asesinos (Contagion in Mass Killings and School Shootings, Towers , Gomez-Lievano, Maryam Khan, Anuj Mubayi, Carlos Castillo-Chavez, July 2015).

Las balaceras escolares son un fenómeno moderno muy frecuente en los Estados Unidos. La proliferación de armas, más perfil de personalidad, más historial de abuso, más el contagio que ocurre en las redes sociales, son algunas de las causas.

Algunos de los asesinos nunca fueron diagnosticados con enfermedad mental o depresión. Otros padecían diferentes formas de la psicosis, especialmente esquizofrenia paranoide. Unos más fueron víctimas de abuso psicológico o sexual en familias caóticas y otros tenían perfil de personalidad sociopático, es decir, con tendencia a lastimar violentamente a personas y animales.

Resulta inútil detenerse sólo en los rasgos particulares del asesino. Culpar a su familia es una visión limitada que tampoco explica del todo estas tragedias.

Malcolm Gladwell escribió un artículo en 2015, en el que explora la falta de un patrón que permita predecir en qué contexto surgirá un asesino adolescente, pero se inclina a enfatizar la hipótesis de los umbrales de Granovetter, que describe las balaceras escolares como “un disturbio en cámara lenta, en constante crecimiento”. Es la hipótesis del contagio.

Lo horrible se ha normalizado y de manera habitual pueden verse en las redes, en la televisión y en las calles, muertos por guerra, drogas y otros crímenes. Los umbrales de los jóvenes son cada vez más altos ya que la violencia es un fenómeno sociocultural que se ha vuelto 'tendencia'.

La conexión y comunicación afectiva con un adulto podría detener a un joven que está pensando en matar a otros para luego suicidarse. El aislamiento suele ser un patrón que conecta los distintos casos. Los asesinos solían ser solitarios, impopulares, encerrados durante horas en sus recámaras y con vidas que eran un misterio para sus padres y maestros. Un joven solitario, deprimido, sin atención ni en la casa ni en la escuela, puede ser en parte el perfil de un asesino.

De acuerdo con la CIDH, en México el grupo con más alto riesgo de morir asesinado son los jóvenes entre 15 y 19 años. Según la UNICEF, 21 millones de mexicanos menores de 18 años viven en situación de violencia. Hay alrededor de cinco mil niños y adolescentes en centros tutelares, encerrados por crímenes graves. Estas cifras han servido de soporte para que Héctor de Mauleón describa a una “generación herida” de jóvenes que desde muy niños han sido testigos y víctimas de la violencia, desatada por la guerra de Calderón contra el narcotráfico (Juvenicidio, El Universal, 19-01-17).

La violencia que viven y perpetran los jóvenes debería atenderse como parte de una política pública que incluya educación y apoyo psicológico individual y familiar. Extremar la vigilancia no servirá para atender el problema de fondo.

Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Conferencista en temas de salud mental.

Twitter: @valevillag

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