Opinión

Bajar impuestos para que la economía “se mueva”

 
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Que la economía creció 2.5 por ciento durante el primer trimestre del año en relación al mismo período del año anterior dice el  Inegi

Si vemos el dato anual, es el más alto respecto a los primeros períodos trimestrales del actual gobierno, pero si lo vemos en su escala desesteacionalizada, el asunto tiene otra cara.

Con respecto al trimestre anterior pudo crecer 0.4 por ciento pero es una cifra menor a lo que el cuatro trimestre de 2014 creció respecto al previo (.7 por ciento).

Antes de que pudiera ser bien conocido el dato por quienes entienden y siguen las noticias económicas, el gobierno de Enrique Peña Nieto, comenzando por el propio titular del Poder Ejecutivo, mostró su deseo de que el indicador de crecimiento trimestral del primer tramo de 2015,  hecho público por el Inegi el pasado jueves, fuera entendido en el contexto adverso, difícil y volátil en lo internacional en el que se consiguió.

Se “curó en salud” el gobierno federal, podría decirse. Otra frase que le queda bien a la actitud del gobierno ante lo logrado en el primer tramo trimestral del año es “de lo perdido, lo que aparezca”.

Para como están las cosas en el país, dentro del terreno de la “economía real” la argumentación del gobierno no resulta suficiente. Las micro y pequeñas empresas no llevan dos años y medio de la presente administración en un contexto apretado que también se aprecia adverso; llevan más de 20 años en él por más que la actual estabilidad macroeconómica pueda entenderse o concebirse como un activo del país.

¿De qué me sirve la estabilidad si no vendo? , dicen los empresarios pequeños. Para ellos la sobrevivencia está en las ventas y no en la estabilidad macroeconómica que, sin regatearle mérito, para sobrevivir queda atrás de la venta.

Aun sabiendo que la estabilidad es un valor mayor, las Pymes estarían dispuestas a cambiar un cacho de estabilidad macroeconómica si tuvieran con ello más ventas.

El caso es que estamos relativamente cerca de la mitad del sexenio sin que las reformas estructurales den a mostrar clara y abundante las ventajas en la economía doméstica que por ellas nos prometieron.

Un mercado interno que tiene un peso cercano a 67 por ciento dentro del PIB pudiera ser un motor más destacado de la economía si le permitieran desempeñarse mejor. Está contenido.

El crecimiento económico promedio de la presente administración no llega ni al 2.0 por ciento y desde ahora se puede afirmar que no podrá cumplirse con la meta de un crecimiento sostenido promedio de 6.0 por ciento anual. Ni la Virgen de Guadalupe hace esos milagros.

El mercado interno es el motor más débil de la economía porque 50 por ciento de la población está en el nivel de sobrevivencia, y del restante la mayor parte cuenta con ingresos que no permiten un consumo relevante.

El aumento de empleo registrado ante el IMSS está compuesto en poco más de 55 por ciento por empleos ya existentes que se encontraban en las filas de la informalidad, según afirman ante Universo Pyme varios analistas del sector bancario. Desde luego que la política de formalización del empleo está siendo exitosa pero no necesariamente impulsa al mercado interno.

Más empleo no necesariamente se relaciona de manera directa y en misma intensidad en el aumento de compra sobre todo si se trata de empleos que ya existían en la informalidad y que lo único que han hecho, valioso cierto, es cambiarse de fila (a la de la formalidad).

Lo anterior, sin mencionar el poder adquisitivo del salario y del número de trabajadores en México que ganan no más de ocho mil pesos al mes, cifra por la que debe rondar el promedio de ingreso de los trabajadores inscritos ante el IMSS. Ocho mil pesos promedio de ingreso mensual no da mucho margen para incrementar el consumo.

Lo que pudiera hacerse, al menos en el terreno de la consideración, es escuchar a la iniciativa privada mexicana que aboga por una reducción de impuestos que libere ese potencial de compra contenido. Para que “la economía se mueva”.

¿Lo considerará el gobierno federal? Pocos lo creen, muy pocos. Y aunque el asunto pudiera ser escuchado, difícilmente será atendido. El caso es que de los cuatro motores que impulsan a la economía nacional dos están vinculados estrechamente al desempeño de la economía de Estados Unidos (remesas y comercio exterior), por lo que no suena ilógico que el piloto aviador de esta nave que se llama México considere darle desborde a los dos motores que le restan en donde el mercado interno es el que parece ser el más reprimido hasta ahora.

No está por demás insistir. En juego están más de cinco millones de unidades económicas y 78 por ciento del empleo formal. Esas serían las empresas primero beneficiadas del incremento del consumo interno.

¿No lo cree usted?

Correo: direccion@universopyme.com.mx


Twitter: @ETORREBLANCAJ

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