Opinión

Bajan las previsiones económicas

 
1
 

 

petroleo

La semana pasada fue mala para la economía mexicana, pues no sólo las principales autoridades responsables de la política económica se vieron obligadas a revisar a la baja sus estimaciones de crecimiento económico, sino también porque las propias cifras del crecimiento del primer trimestre, a pesar de haberse ubicado ligeramente por encima de lo esperado, provocaron preocupación porque en marzo la economía cayó fuertemente con respecto a febrero (-0.6 por ciento, o -7.0 por ciento anualizado). En otras circunstancias este resultado hubiera llevado al banco central a bajar la tasa de interés de política monetaria, tal como lo hizo en junio del 2014 cuando se registró una caída más o menos similar del índice global de la actividad económica (IGAE).

Respecto a las revisiones que hicieron las autoridades de sus estimaciones de crecimiento económico, el Banco de México redujo el intervalo de crecimiento esperado para 2015 de uno de 2.5 a 3.5 por ciento a uno de 2.0 a 3.0 por ciento, vale decir de un valor medio de 3.0 por ciento a 2.5 por ciento.

Para 2016, lo hizo de un intervalo comprendido entre 2.9 y 3.9 por ciento a uno de entre 2.5 y 3.5 por ciento, que en términos de valor medio pasó de 3.4 por ciento a 3.0 por ciento.

Si bien el mercado esperaba estas revisiones, podría afirmarse que en alguna medida se vio sorprendido por la magnitud de dicho ajuste, sobre todo en lo que se refiere a las cifras de 2016.

Tomando en consideración los resultados de la encuesta de Banamex una quincena antes de tal revisión, el promedio de los economistas encuestados consideraba que el PIB iba a crecer 2.9 por ciento este año y 3.4 por ciento el próximo. Si bien algunos funcionarios del banco central estuvieron adelantando la posibilidad de esta revisión (en la minuta de la reunión del 26 de marzo un funcionario “advirtió que el crecimiento del PIB durante el año posiblemente se ubicará en el segmento inferior del rango publicado en el último informe trimestral del Banco de México”), la diferencia entre las estimaciones muestra que el banco está viendo cosas diferentes a las que está viendo el mercado. ¿Qué cosas? En primer lugar, un menor ritmo de crecimiento de Estados Unidos que ha afectado la demanda de productos mexicanos; en segundo, la falta de recuperación de la confianza de los agentes económicos internos (consumidores y empresarios) que inhibe el crecimiento del mercado interno; y, en tercer lugar, la caída de la producción de petróleo y otros minerales no metálicos.

Si bien el banco lo menciona indirectamente, también juega papel importante en estas revisiones el ajuste del gasto público que tendrá que efectuar el gobierno en los próximos meses, en vista de que al cierre del primer trimestre, en lugar de bajar, el gasto había aumentado significativamente con respecto al registrado en similar periodo de 2014.

Al respecto, en el informe que dio a conocer la semana pasada el banco central señala:

“Finalmente, es importante reiterar que para continuar garantizando la solidez del marco macroeconómico se requiere de finanzas públicas sanas y, en particular, que la deuda pública como proporción del producto se estabilice y retome una trayectoria descendente. Si bien el Gobierno Federal está realizando esfuerzos en este sentido, no sólo es preciso el cumplimiento de sus objetivos actuales, sino también una vigilancia permanente de la posición fiscal, particularmente ante un entorno incierto, que posiblemente se caracterizará por condiciones de financiamiento más astringentes. Por ello, conviene reiterar la importancia de los esfuerzos encaminados a lograr avances en la consolidación fiscal en el país”.

Sin lugar a dudas, esta es una llamada de atención al gobierno para que mejore las finanzas públicas.

Respecto a 2016, al parecer la reducción en las estimaciones del banco central fue lo que más sorprendió al mercado, que al parecer sigue comprando la idea de una bonanza repentina provocada por la instrumentación de las reformas estructurales. Con razón, el banco señala que dicha revisión se dio con base a la consideración de un menor “efecto de arrastre” de 2015 hacia 2016 debido justamente a la revisión de las cifras del presente año. Igualmente, señala que se prevé una cierta debilidad de la economía americana. Lo que no se menciona y que se espera que también ejerza papel importante es el ajuste del gasto público que deberá tener también efectos importantes sobre la economía.

Sobre la revisión de las estimaciones de la Secretaría de Hacienda, estas pasaron de un rango comprendido entre 3.2 y 4.2 por ciento a uno entre 2.2 y 3.2 por ciento, es decir de 3.7 por ciento en el nivel medio, a 2.7 por ciento para 2015. Al respecto, merecen resaltar dos puntos importantes. Uno, es drástico el ajuste en la estimación del 2015, un punto porcentual; y, la ausencia de ajuste de las proyecciones de 2016. Implícitamente, esto último estaría mostrando que la secretaría no ve un menor “efecto de arrastre” del menor crecimiento esperado por ellos para 2015 hacia 2016, como tampoco está valorando el efecto de un menor crecimiento de Estados Unidos, ni tampoco el efecto negativo que podría generar el recorte del gasto público. En tal sentido, al parecer, la secretaría de Hacienda prefiere arriesgar su credibilidad antes que mandar una señal de que la economía estará aun relativamente débil.

Finalmente, sobre el crecimiento económico Mexicano en el primer trimestre del presente año, si bien se ubicó ligeramente por encima de lo esperado, 2.5 por ciento; fue afectado por factores como los señalados líneas arriba, como la debilidad de la economía americana, la caída de la producción petrolera y la caída de la confianza de los agentes internos. No obstante, hay que señalar que recibió el importante impulso del gasto público, que según cifras oficiales se expandió durante el primer trimestre en 12.0% en términos reales. El problema, es que el gobierno anunció a principios del año un importante recorte del gasto público como respuesta a la caída de los precios del petróleo y con el objeto de alcanzar los objetivos fiscales fijados para el presente año. Si esta es la intención, entonces cabría esperar que el gobierno recorte drásticamente el gasto en los próximos trimestres afectando así la evolución económica.

Otro factor de preocupación es la caída que registró la economía en marzo con respecto a febrero, lo cual genera dudas sobre la solidez de las cifras del primer trimestre. La figura luce peor si se toma en cuenta que en abril se registró una importante caída de la producción de petróleo a consecuencia del colapso de la plataforma petrolera en la sonda de Campeche.

También te puede interesar

Sigue cayendo la confianza

El dilema del Banco de México

¿Cambio de señales?