Opinión

Baja chavismo votos sin Chávez


 
Como personaje de Alicia detrás del espejo, el chavismo venezolano tiene que correr cada día más aprisa para permanecer en el mismo lugar.
 
Con una oposición en empate técnico y sin el liderazgo de Hugo Chávez, el sucesor impuesto Nicolás Maduro podría conservar la presidencia de Venezuela si pasa la prueba de la legitimidad y el recuento de votos, pero difícilmente podría mantener el liderazgo chavista en América Latina.
 
En este contexto, se cumplieron las previsiones: Maduro podría perder ganando y Henrique Capriles estaría en la lógica de perder ganando. Respecto a las elecciones presidenciales del año pasado, el chavismo estuvo en la orilla de la derrota. Los datos son reveladores:
 Antier domingo, Maduro acumuló 7 millones 559,349 votos, el 50.75%, contra 7 millones 296,876, el 48.98%, de Capriles, una diferencia de apenas 1.8 puntos porcentuales y de bajos 262,473 votos.En las presidenciales de 2012, Hugo Chávez sacó 8 millones 191,132 votos, el 55.07%, contra 6 millones 591,304 votos, el 44.31%, de Capriles, una diferencia de 10.7 puntos porcentuales a favor de Chávez y de casi 1.6 millones de votos.Maduro perdió 631,783 votos de los consolidados por Chávez el año pasado y Capriles aumentó el domingo pasado 705,572 votos sobre la elección de 2012.Como dato adicional para sopesar la diferencia de votos en las presidenciales de abril de 2013 sobre las de octubre de 2012, el porcentaje de participación del domingo pasado fue de 78.8%, contra el 80.6% del año pasado. Es decir, Capriles aumentó votos con menos votantes.Respecto a las presidenciales de 2006, Maduro apenas aumentó 250 mil 269 votos sobre Chávez, en tanto que Capriles subió tres millones cuatro mil 410 votos sobre los logrados por el entonces candidato opositor Manuel Rosales; en estas cifras, la oposición antichavista subió 70 por ciento entre 2006 y 2013, en tanto que el chavismo apenas aumento 250 mil votos. En 2006 Chávez ganó con el 62.84 por ciento de los votos, contra sólo 36.90 del candidato opositor Manuel Rosales.
 
A partir de estas cifras se puede leer una declinación del chavismo sin Chávez y un fortalecimiento de la oposición, y más por las condiciones de restricciones de la oposición en un sistema político dominado -por hegemonía y el autoritarismo militar- por la coalición chavista. De ahí también la otra lectura: el chavismo sin Chávez estaría declinando por la inmadurez del sucesor Maduro.
 
La apretada victoria de Maduro depende no sólo de los mecanismos legales de legitimación, sino de las sospechas que ha despertado en la comunidad latinoamericana no controlada por el chavismo vía subsidios petroleros. La OEA podría influir en un recuento de votos que afectaría a Maduro no sólo por la posibilidad de que el resultado final pueda cambiar o disminuirle más la precaria ventaja, sino porque representa una forma de expresar las dudas sobre la imparcialidad de las elecciones.
 
Las elecciones en Venezuela no sólo pusieron a prueba la base social-electoral del proyecto político de un chavismo sin Chávez, sino por el papel de liderazgo de Hugo Chávez en América Latina por su activismo, su promoción de una no consolidada alianza comercial regional y la forma en que utilizó el petróleo subsidiado a naciones como Cuba, Bolivia, Nicaragua y otros.
 
En el fondo, la elección en Venezuela tuvo un doble cariz: mantener al chavismo en el poder y posicionar a Nicolás Maduro como el líder indiscutible del chavismo en América Latina; si bien lo primero depende del saldo oficial del órgano electoral y de la aceptación de la derrota por parte de Capriles, lo segundo se percibe difícil por la escasa fuerza en la personalidad de Maduro.
 
De ahí que en Venezuela haya comenzado una dura disputa por el poder entre los diferentes grupos del chavismo, sobre todo en la cúpula militar donde no vieron con buenos ojos que Chávez designara como sucesor a un civil con escasa experiencia en los sótanos del poder. Asimismo, Chávez fue muy dado a realizar negociaciones subterráneas con compromisos que solamente él conocía. Y en la cúpula civil también existen diferencias con Maduro que podrían llevar a una zona de conflicto a la hora de ejercer el poder.
 
El principal problema de Maduro es la crisis económica acicateada por la reciente devaluación, la disminución en los ingresos petroleros y las crecientes partidas a programas asistencialistas. Chávez tenía una especial sensibilidad para detectar presiones sociales y carecía de respeto a los mecanismos presupuestales. El punto más sensible internamente se localiza en el precio subsidiado de las gasolinas para consumo interno con efecto negativo en las finanzas públicas.
 
Y Maduro tendría que encarar el proyecto de desarrollo porque en los 14 años de gobierno chavista el PIB promedio anual fue de apenas 3 por ciento anual, con cinco años con tasas negativas y cinco con promedios altos (18.3% del PIB en 2004 y 10.3% en 2005), pero sin mantener un ritmo consistente sino años buenos logrados con inyección de gasto público y con efectos anuales.
 
En América Latina Maduro no significa un liderazgo, lo ven como un burócrata al que la enfermedad de Chávez le cedió el poder, carece de visión estratégica y está sometido a los controles de Fidel Castro, hasta ahora el verdadero poder tras el trono venezolano. El modelo latinoamericano de Chávez requería de un sucesor formado, con proyecto, con figura de liderazgo y Maduro apenas es un político arribista, sin hilos de poder en las estructuras del poder chavista e impuesto como sucesor por sumisión y no por liderazgo.
 
Al final, el pajarito que Maduro dijo era Hugo Chávez resultó un cuervo de mal agüero.
 
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