Opinión

Azar, actitud, dolor y justicia


 
 
Había decidido escribir de futbol y aprovechar que éste, a pesar de la medianía de nuestra Primera División, puede darnos algunas lecciones.
 
Pensaba tratar la diferencia entre creer y no creer, algo así como que América y Cruz Azul querían el campeonato, pero los americanistas, además, lo creían.
 
Iba a establecer que a pesar de la ventaja obtenida en el primer encuentro, de la expulsión de Jesús Molina en el minuto 14 del segundo partido y de la anotación de Gutiérrez que ponía el marcador 2 a 0, los azules siguieron sin creer en sí mismos.
 
Que el Cruz Azul no pudo, no supo, manejar la ventaja. Su ánimo era tan dubitativo que actuaba como si tuviera menos jugadores que el América. Que el equipo amarillo parecía estar completo no sólo porque ocupaba con más eficiencia los espacios, sino porque su rendimiento físico era más alto que el de sus rivales. Ni se sentían menos ni se cansaban más por ser 10.
 
El futbol, ya se sabe, es azaroso, era una de mis ideas centrales: un balón pega 2 veces en el poste en menos de un segundo, un defecto en el pasto cambia la dirección de un pase, un rebote desvía a puerta un disparo fácil.
 
Y pensaba agregar que si bien el futbol, como la vida, es azaroso, la pelota, como diría Ferran Solano, no entra por azar.
 
Iba a proponer que detrás del accidente de cancha que parece determinarlo todo, hay múltiples factores, desde la planeación de largo plazo, la definición de la estrategia, las vertientes tácticas y las líneas de acción, hasta duros entrenamientos, desarrollo de habilidades, visión, comunicación, motivación, orgullo, sentido de pertenencia y, desde luego, actitud.
 
Y luego, a manera de conclusión, enlistaría lo siguiente:
 
La actitud no anota los goles, pero hace posible que quienes deben anotarlos mantengan la confianza y el ímpetu.
 
La actitud no suple a la preparación ni al talento, pero hace que éstos se manifiesten en los instantes cruciales.
 
La actitud no sustituye a la condición física, pero sólo con actitud el rendimiento se potencia.
 
La actitud no impide que surjan las adversidades, pero sí predispone al ser humano a superarlas.
 
La actitud no elimina al azar, pero sí hace a un lado sus caprichos.
 
La actitud no dispara los penaltis, pero da serenidad y fuerza a quien los ejecuta.
 
La actitud no determina el rumbo de la vida, de la empresa, del proyecto, pero sí determina la orientación del pensamiento, afirma la voluntad y pone en marcha la acción.
 
Puede que no sea suficiente, pero es imprescindible. La actitud no gana todos partidos, pero acerca campeonatos. La actitud no lo resuelve todo, pero sin ella no hay sueño que se alcance.
 
Todo esto pensaba escribir cuando, circunstancialmente, vi la edición de La Jornada del 28 de mayo y, especialmente, la foto de primera plana.
 
Se aprecia en ella a mujeres que han perdido a un familiar por no saber nada de él desde hace meses o años.
 
Vi sus rostros, marcados por el dolor, la huella de tantos días y tantas noches de llanto y desesperación. Vi su expresión valiente y dolorida, los ojos hinchados, el alma a la deriva. Reclamaban al secretario de gobernación acciones eficaces para saber de los suyos entre los más de 20,000 desaparecidos en los últimos años.
 
Y me quedé allí, sin habla, sin claridad, observando el profundo dolor, la desesperación, la inimaginable angustia de las víctimas de la estupidez de la violencia.
 
Que el esfuerzo que promete el gobierno tenga consistencia y eficacia. Que se encuentre a cuantos sea posible, que se sepa de todos.