Opinión

Ayotzinapa: no hay
líder moral en México

No hay un solo liderazgo moral en el país que neutralice lo ocurrido en Ayotzinapa. El presidente Enrique Peña ya advirtió del descalabro institucional que hay en ciertas regiones. Guerrero es la más grave. Pero una cosa es ser el presidente y otra el líder moral de una nación. Enrique Peña pudiera tener también esa posibilidad, pues su posición le ubica en un lugar privilegiado; pero la ruta que elija para construir un liderazgo de esa naturaleza será la clave para que su sexenio no sea recordado como el de los estudiantes guerrerenses desaparecidos —y muy posiblemente masacrados.

Anteayer Cuauhtémoc Cárdenas probó en carne propia que él tampoco es líder moral de este país, como muchos lo quisieron posicionar durante décadas. Ciertamente la intolerancia de que fue objeto es reprobable, pero eso no le habría ocurrido a algún sujeto al que toda la sociedad le asigne legitimidad total de valores.

Que no haya un liderazgo moral único en un país es altamente positivo desde el punto de vista de las instituciones. Implica que no dependemos de un solo líder carismático —como en Venezuela ocurrió con Hugo Chávez, o como está ocurriendo en Rusia con Vladimir Putin—. Otra ventaja es que la carencia de liderazgos morales elimina la tentación del líder por controlar a las masas con sus muy personalísimas prioridades y valores individuales.

No obstante, en momentos como el que México vive tras lo sucedido en Guerrero, sí es deseable que alguna personalidad se constituya en el bálsamo que toda la sociedad requiere para perdonar. Ese liderazgo moral, aun siendo efímero, sería muy útil.

No hay líderes morales en México en la Iglesia católica; en el mundo del arte o la cultura; ni el terreno de la educación. No contamos con un Desmond Tutu, o con un Jesse Jackson. Los representantes del mundo de la cultura (Poniatowska, Cuarón, et al.) viraron grotescamente hacia la izquierda, y se desfondaron de esa posibilidad. A los inversionistas de la Bolsa Mexicana de Valores les importa más lo que se diga hoy en las reuniones del Fondo Monetario Internacional, o lo que decida el Fed próximamente, que el resultado de las investigaciones de la PGR o de la Comisión Especial de la Cámara de Diputados para esclarecer el caso de Ayotzinapa. Líderes morales no son el Chicharito, ni Belinda, ni la señora Legarreta. No hay. Nadie confía en los jueces; y los profesores universitarios se convirtieron en mercaderes del conocimiento.

Un país sin líderes morales no puede aspirar a que sus jóvenes encuentren caminos de prosperidad basada en principios universales, por la sencilla razón de que los distractores comerciales y mediáticos se convierten en los puntos de referencia más visibles.

Twitter: @SOYCarlosMota