Opinión

Ayotzinapa es de Todos

Asociación Mexicana de Uniones de Crédito del Sector Social, A.C.

El movimiento campesino comparte el aciago momento y el dolor de los familiares de los 43 normalistas desaparecidos, porque Ayotzinapa es el campo, porque es el espejo del rezago y la exclusión social de millones de campesinos indígenas, de sus jóvenes que buscan la movilidad social a través de las escuelas normales rurales, porque algo de la desgarrada sociedad guerrerense se puede enmendar con estos maestros rurales, quienes vivieron en las mismas condiciones que sus vecinos y amigos, quienes sin más oportunidades de estudio o empleo, buscan la docencia como una manera de vivir dignamente y educar a otros como ellos, para que no se inserten en las filas de sicarios y halcones, en un país que les ha quitado la esperanza y donde la única riqueza que les va quedando es su historia, su tradición, su lengua y su valentía.

Porque el campo está abandonado y porque el medio rural está subsumido en el rezago social y en la pobreza más abominable, el movimiento #El Campo es de Todos ha venido participando en la reivindicación de la demanda rural y solidarizándose de manera natural, con la exigencia de las zonas rurales, simbolizada en maquinaria agrícola desplazándose en el asfalto de la ciudad de México y con los contingentes campesinos que reiteradamente han acudido a las manifestaciones, para dar cuenta del agotamiento del pueblo de México.

Ayotzinapa es el símbolo de décadas de políticas neoliberales que nada tienen que ver con las necesidades de la población, ni las del campo, son años de observar cómo se abren las brechas de desigualdad, en donde sólo existe bienestar para un grupúsculo de privilegiados cercanos al poder político y donde la impunidad ha sido la ley y no la excepción. Los indígenas y los campesinos, son despreciados por el régimen que les ha privado de educación, salud y vivienda, les ha cerrado las puertas y les abrió las fronteras del norte para que allá buscaran ganar el ingreso, que aquí no se les permite.

Décadas de indignación ya no se quieren ocultar, ni acallar y los campesinos marchan y los indígenas marchan y con ellos, miles de ciudadanos marchamos y seguiremos protestando, porque existe coraje, pero porque además está el profundo temor de tener el mismo destino y ser tragado por una fosa fría y solitaria, en donde ya nadie tiene nombre, donde nadie recibe justicia.

Ayotzinapa es la punta de un volcán que ya empezó a estallar, porque no son solamente 43, hay treinta y un más en Cocula, hay veintemil más en todo el país que no son buscados, sólo los rostros desencajados de madres que anhelan el regreso de sus hijos dan cuenta de los hechos.

Y seguirá la protesta porque las bases sobre las que está sentado este modelo de nación están haciendo agua y las instituciones públicas no tienen capacidad, ni altura de miras para darse cuenta de lo que significa Ayotzinapa para cada uno de nosotros.