Opinión

Ayotzinapa, año II:
una hoja de ruta

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Marcha Ayotzinapa

El aniversario del ataque a los estudiantes de Ayotzinapa, donde además murieron otras seis personas, marcó el tono más alto de la indignación de las víctimas y de parte de la sociedad.

En ese crispado contexto fue que se llevó a cabo el jueves la reunión entre los padres de Ayotzinapa y Enrique Peña Nieto.

Las víctimas fueron enfáticas en advertir al presidente que no confían en su gobierno. Pero también explicaron que, a pesar de la desconfianza, acudían de nuevo a verle porque “el anhelo de abrazar nuevamente a nuestros hijos hoy nos hace estar aquí para exigirle una vez más que los encuentre, que los encuentre ya”.

Según diversas crónicas, la cita tuvo momentos de tensión extrema, donde ambas partes levantaron la voz. Y si sólo se atiende a lo que dijeron los padres al salir de la reunión, habría que concluir que el encuentro fue un completo fracaso. Un inútil trago amargo para las partes. Sin embargo, el encuentro dejó en claro una cosa nada trivial: el gobierno federal y las familias de Ayotzinapa conceden credibilidad al Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes.

El GIEI cuenta con la confianza de los padres, que incluso pidieron a Peña Nieto que los expertos se queden un año más. Y horas después del ríspido encuentro en el Museo de la CFE, el GIEI tuvo una nueva reunión con la Procuraduría General de la República para establecer una agenda en torno a las recomendaciones incluidas en el reporte del grupo de expertos que fue dado a conocer el 6 de septiembre.

En otras palabras, la interlocución con el GIEI es lo único que hoy tienen en común las víctimas y el gobierno de Peña Nieto. Parece poco, mas es mucho si el presidente realmente tiene la intención de que se haga la mejor investigación posible sobre el paradero de los estudiantes y las circunstancias en que se dieron los hechos de Iguala.

Los padres de los estudiantes consideran que el GIEI no les ha fallado, que los expertos no se vendieron. Y por otra parte, salvo la negativa a que entrevisten a los militares del 27 Batallón, el gobierno no ha manifestado en público mayor reparo con las recomendaciones, todas muy atendibles, hechas por el grupo interdisciplinario.

El GIEI constituye la última oportunidad para que el gobierno de Peña Nieto recupere algo de la credibilidad perdida. Si el golpeteo que se ha desatado contra ese grupo de expertos continúa, si las denostaciones oficiosas se imponen y hacen inviable el trabajo del GIEI, los halcones de la administración habrán condenado al mexiquense a una derrota histórica.

Por otra parte, si Peña Nieto dice que quiere encontrar la verdad pero no actúa en consecuencia, si no apoya decididamente al GIEI, entonces debería tener muy en cuenta lo que los padres le advirtieron el jueves, pues se volverá realidad esta profecía:

“Mientras no conozcamos con pruebas irrefutables el paradero de nuestros hijos; mientras las víctimas no seamos tratadas con dignidad; mientras los asesinos no sean detenidos y castigados; mientras los narcopolíticos sigan gobernando; mientras no haya verdad, nuestra legítima búsqueda de justicia marcará su administración y a su nombre se asociará el de Ayotzinapa como símbolo de la impunidad y la corrupción que reina en el país”.

Peña Nieto tiene en las recomendaciones del GIEI, que van mucho más allá del polémico peritaje sobre el incendio en el basurero de Cocula, una clara hoja de ruta para el año II de Ayotzinapa.

Veremos si atiende debidamente esta llamada de la historia. Le toca mover ficha.

Twitter: @SalCamarena

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