Opinión

Averiguaciones

 
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Manifestación.

Gil ha leído notas de todos los colores sobre los crímenes de la Narvarte y no pocas veces monta en cólera pues las filtraciones de la Procuraduría del Distrito Federal inducen a formar una opinión desprendida de la vida privada de los asesinados. La última de estas inducciones filtradas fluye hacia el río de la desconfianza en las víctimas pues los exámenes toxicológicos (así les dicen) dieron positivo en los casos del fotoperiodista Rubén Espinosa y de Nadia Vera. El primero consumió cocaína y mariguana y la segunda mariguana; ambos, alcohol.

Gilga injerta en pantera: lectora, lector, si a usted lo van a asesinar, cuídese de no ingerir sustancias prohibidas 24 horas antes de su muerte pues de lo contrario aparecerá en la sangre con la cual los criminales han regado la alfombra del lugar en el cual lo torturaron y le dieron un tiro en la nuca. Caracho. ¿Es relevante para la investigación que hayan ingerido drogas y bebido alcohol? No lo parece. Entonces las autoridades no deberían hacerlo parecer importante. La sugerencia es casi monstruosa: ya salió el peine, se habían drogado toda la noche; con razón, no eran unas blancas palomas. Psssta.

Tenía que ser
Gil caminó por la duela de cedro blanco y meditó con los dedos índice y pulgar en el nacimiento de la nariz: al menos suena raro que alguien haya consumido cocaína y mariguana la misma noche. Es como correr un auto a cien por hora y luego frenarlo de golpe, pero bueno, cada quien su gusto y gusta. En fon.

Por si fuera poco, las pruebas realizadas en el cuerpo de Espinosa mostraron residuos de benzodiacepinas. Y además tomaba Tafil. La tía Eduviges habría pedido las sales: ¡qué barbaridad, ya no hay valores! Tenía que ser, si eran unos drogadictos, desvelados, nerviosos, sospechosos. Sí, señores de la Procuraduría: hay personas que ingieren lo que les da su regalada gana y esa decisión no debe contaminar la escena del crimen. ¿Estamos? Gilga puesto en el papel de un rabioso liberal no conoce límites. Mju.

El dedo flamígero de Gamés apunta: sin ninguna información de relativa veracidad también se han filtrado conjeturas sobre las otras dos mujeres. El rumor se esparce y todo lo pudre: una colombiana retratada al pie de un Mustang y una joven que se hizo una cirugía estética. Se sabe: nada bueno puede esperarse de una colombiana en minifalda y de una joven que recurre a la cirugía plástica. La verdad es que la Policía no trae nada en los bolsillos de la averiguación (en el supuesto caso de que los bolsillos contengan averiguaciones) y engendra pequeños monstruos vergonzosos. Un lamento se oyó en el amplísimo estudio: ay, mis hijoos y sus filtraciones.

La carta
Mientras Gil fustigaba (así, en general), se enteró de que un grupo de 500 escritores le enviaron una carta al presidente Peña Nieto para pedirle que llevara a cabo una investigación sin contemplaciones: “No debe haber más asesinatos: el homicidio de Espinosa, y de Alejandra Negrete, Yesenia Quiroz, Nadia Vera y Mile Virginia deben ser investigados con integridad. Los verdaderos homicidas tienen que recibir juicio justo y condena pronta. En su país, señor presidente, las estadísticas de impunidad en los casos contra periodistas son alarmantes. Según la Comisión Nacional de Derechos Humanos, 89 por ciento de los asesinatos permanecen sin resolver”.

La carta la firman escritores como Paul Auster, Coetzee, Chomsky, John Lee Anderson, Salman Rushdie, José Agustín, Juan Villoro. 500 personalidades de México y el mundo no son poca cosa; más bien son mucha cosa. La lectora y el lector lo saben, Gamés hiperventila cuando los campeones de la bondad suben al estrado a defender las causas nobles, pero diantres, los números de periodistas asesinados no son una invención. Con la pena, pero Gil traga saliva y aguanta la respiración.

Ciertamente nadie tiene pruebas de que los crímenes de la Narvarte hayan sido a causa del trabajo periodístico de dos de los asesinados, pero se sabe que Espinosa abandonó Veracruz porque consideraba que su seguridad corría peligro y que Nadia Vera había pasado por el mismo túnel del miedo. La cosa arde, sin albur. Más que filtrar noticias sobre los gustos privados de los asesinados, la autoridad debería ser más eficiente y menos lerda. En fon.

La frase de Shakespeare espetó en el ático de las frases célebres: “algo está podrido en Dinamarca”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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