Opinión

Avanzando

Hoy inicia el tercer año de gobierno de Peña Nieto, que el jueves pasado dio un anuncio respecto a la crisis política y social de las últimas semanas. De inmediato, sus propuestas fueron descalificadas muy duramente en redes sociales y por los movimientos sociales, y criticadas por los partidos de oposición. Aunque el mismo Peña Nieto reconoció que las cosas no van bien y que es necesario hacer algo diferente, las propuestas que hizo consisten en llevar a la práctica políticas que fueron planteadas durante el gobierno anterior y que no han podido aterrizar. No hubo nada sobre la “casa blanca”.

El rechazo a las propuestas responde, creo yo, a una combinación de fenómenos. Por un lado, un porcentaje no menor de los mexicanos es antipriista, y por lo tanto rechazarán lo que Peña Nieto diga o haga de entrada. Por otro, los seres humanos tendemos a creer que lo que nosotros vemos o entendemos es lo mismo que los demás ven o entienden. Quienes participan en redes sociales son una muestra sesgada hacia los niveles más altos de ingreso en el país, que posiblemente se concentren en el cuartil más rico. Lo que ven y entienden es, si acaso, sólo extensible a ese 25 por ciento.

Un segundo elemento a considerar es que olvidamos que México durante el siglo XX vivió en un sistema político autoritario, en el que no había Estado de derecho en absoluto. Es a partir de 1997 que eso empieza a modificarse (aunque desde 1994 el Banco de México y la SCJN son autónomos, y desde 1995 los gobernadores se independizaron). Es decir que llevamos 17 años en este proceso de transformación que a los países europeos les costó tres siglos y a Estados Unidos más de 100 años. Imaginar que existe alguna receta milagrosa que convierta un país entero al respeto de la ley partiendo de su total inexistencia me parece absurdo.

Tercero, se reclama a Peña Nieto utilizar las herramientas de siempre: iniciativas de ley, políticas de desarrollo, instrumentos como número y clave únicas. Me pregunto qué podría ofrecer la clase política que no fuese esto. Las herramientas que tienen disponibles el presidente, el Congreso y el liderazgo político en su conjunto no va mucho más lejos que esto. Insistiré en que además de lo planteado es necesario limitar el poder de los gobernadores, terminar con el fuero y construir un sistema civil de carrera. La transformación absoluta del Poder Judicial no sé si podía anunciarla el jefe del Ejecutivo sin que le cayeran a palos con el tema de la separación de poderes.

Visto sin emociones, el proceso que México lleva desde 1997 es espectacular. Logramos establecer un sistema democrático a nivel federal, empezamos a construir un Estado de derecho, logramos terminar el proceso de transformación institucional para situar a México en condiciones de competir globalmente. Pero eso liberó poderes que intentan sustituir al Estado: los llamados fácticos, que han sido limitados de forma importante con las reformas mencionadas; los gobernadores, que tenemos que acotar; y el crimen organizado, que debemos eliminar o reducir a su mínima expresión. Eso hay que hacerlo con Peña Nieto y el PRI, lo mismo que con el PAN, con el PRD, y con quienes quieran hacerlo. Es lo que hay.

Los que ofrecen soluciones mágicas, los que critican desde la irresponsabilidad, los vividores de la protesta “social”, esos no creo que nos ayuden en nada.

Twitter: @macariomx