Opinión

Avanza el crédito

      
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Convención Bancaria

En la reciente convención bancaria, como de costumbre, en Acapulco, los banqueros celebraron que el crédito, medido en proporción al tamaño de la economía, ha superado 34 por ciento del PIB. Hay la expectativa (que no todos comparten) de que podamos llegar a 40 por ciento para 2020.

Celebrar este número puede parecer extraño, cuando comparamos con lo que ocurre en otros países del mundo. Estados Unidos está en 190 por ciento del PIB, Japón supera 180 por ciento y Corea 140 por ciento. En Europa occidental van de 90 por ciento en Francia e Italia a 120 por ciento en España y Portugal, y más de 170 por ciento en Dinamarca y Suiza. Todos los datos son del Banco Mundial, para 2015. Chile estaba en 111 por ciento, Brasil en 70 por ciento. Bolivia y Paraguay, 60 por ciento. Nosotros estábamos en 32 por ciento en ese entonces, y en América Latina sólo Uruguay o Argentina estaban debajo de nosotros. Nuestro nivel es más comparable a países africanos.

Sin embargo, cuando la comparación no la hacemos con el resto del mundo, sino con nosotros mismos, superar el 34 por ciento del PIB resulta en verdad motivo de celebración: nunca lo habíamos logrado. Con los mismos datos del Banco Mundial, el momento en que estuvimos más cerca del 34 por ciento del PIB fue en 1970. La invasión del gobierno en toda la actividad económica en los siguientes doce años destruyó el crédito interno del país, y nos llevó a menos de 12 por ciento del PIB en 1988. A eso le siguió la aventura salinista, que en menos de un sexenio llevó la cifra nuevamente por encima de 30 por ciento del PIB, pero de forma ficticia, como lo demostró la crisis de 1995. El ajuste fue brutal, y usted lo conoce con el nombre de Fobaproa. Tocamos fondo en 2001, con poco más de 14 por ciento del PIB en crédito. Desde entonces nos fuimos recuperando paulatinamente, y con la reforma financiera el ritmo de crecimiento se ha acelerado, pero con bases notoriamente más sólidas que hace 20 años.

El volumen de crédito en relación al tamaño de la economía es una variable muy importante, porque indica la capacidad que tenemos de financiar nuestro desarrollo. Aunque desde siempre se sospechó una relación importante entre financiamiento y desarrollo, fue Joseph Schumpeter quien construyó el mejor argumento. Lo que llamamos capitalismo es un proceso de destrucción creativa: los emprendedores crean nuevas ideas para vender en el mercado, y conforme esas nuevas ideas se enfrentan, producimos de mejor manera; es decir, de forma más eficiente y generando más bienestar entre los consumidores. Pero las ideas no llegan al mercado si no tienen recursos, y es la combinación del financiero con el emprendedor lo que hace a una economía exitosa.

En México nos gusta decir que somos muy creativos. No sé si sea cierto, pero sin financiamiento toda esa creatividad se queda en la construcción de chistes, gritos para el estadio, anuncios, y formas de evadir la ley. En términos empresariales, no se ve esa creatividad: todos acaban poniendo negocios de comida, tiendas de regalos o ropa. Llama la atención el crecimiento de franquicias, que no es sino falta de ideas.

La buena noticia es que si usted tiene ideas, ahora hay mucho más dinero disponible para probarlas. Si de verdad el mexicano es muy creativo, es el momento de impulsar esas ideas, que Japon, Corea o China, y ahora India, han convertido en marcas de prestigio en pocas décadas. En los setenta, Sony, Nissan o Toyota eran como en los noventa Samsung o LG, hace unos años Huawei, y ahora Tata: marcas que no eran sinónimo de gran calidad. Muy poco después, todos ellos se convirtieron en referencia mundial. A darle.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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