Opinión

Autoridad arbitral

     
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Árbitros. (Cuartoscuro)

La huelga que este fin de semana llevaron a cabo los árbitros de futbol profesional es significativa porque revela el papel que juega la autoridad en nuestro país. Los silbantes consideraron necesario tomar una medida radical –como la de no participar en los juegos– para llamar la atención sobre el trato poco digno que se les da y para exigir respeto a su autoridad.

En el soccer es normal ver que los jugadores se meten duro con el árbitro. Le reclaman sus decisiones, se le acercan a la cara, le gritan, le mientan la madre. Por lo tanto no es raro ver que les dan un golpe o un cabezazo como sucedió con uno la semana pasada. El árbitro de futbol ejerce su autoridad bajo amenaza constante. Como buena autoridad es normalmente odiado por todos: jugadores, entrenadores y, por supuesto, los millones de aficionados. Sin ayuda tecnológica, los árbitros ejercen su función igual que hace décadas y su criterio en la cancha es definitivo.

En México lo que le pasa a los árbitros también les pasa, por ejemplo, a los policías, a quienes los ciudadanos les quitan la autoridad en un dos por tres. Podemos ver en las redes cualquier cantidad de videos de civiles que la emprenden a golpes contra los uniformados. En cualquier país civilizado las agresiones a los policías tienen sanciones severísimas. Aquí no, incluso en Guerrero manifestantes lanzaron un autobús contra ¡un cuartel del Ejército! sin que les pasara nada.

La crisis de la autoridad en México va desde el presidente hasta los árbitros de futbol. No cumplir la ley es una de nuestras actividades favoritas. Y no la cumplimos porque no pasa nada, o las sanciones son de risa –y entonces conviene burlar la norma– o simple y sencillamente la ley no se ejerce. No hay incentivos para cumplir la ley. La semana pasada dos senadores, una del PAN y uno de Morena 'clausuraron' una estación que toma las impresiones de las conocidas fotomultas. Los responsables de hacer leyes incitando a no cumplirlas. Martí Batres, materia gris –por decirle de alguna manera– de AMLO, solicitó hace tiempo que no se cobraran las multas por la crisis económica, sin explicarnos la relación entre las dificultades financieras y el exceso de velocidad. La incitación de la clase política a que no se cumpla ley es sistemática, porque a ellos les conviene que no se cumpla, porque de eso está hecho su manto de impunidad.

Lo que sucede con los árbitros tiene su trascendencia. Los niños que inician a ver el 'fut', ven cómo su papá le mienta la madre a la autoridad y lo culpa de todo lo que le sale mal a su equipo. El grito de “árbitro vendido” es de los primeros insultos que un infante puede gritar en las turbas del estadio. Esa figura de autoridad desgastada tiene que ver con nuestras autoridades políticas. Durante décadas, el árbitro de las elecciones era absolutamente parcial con el resultado, nadie confiaba en su autoridad. En el PAN, por ejemplo, Ricardo Anaya, que es el árbitro, también se desempeña como jugador, como entrenador en jefe y autor del reglamento, vendedor de boletos y dueño del estadio. Por eso en el futbol como en la política hacen falta árbitros dignos y con autoridad.

Twitter: @JuanIZavala

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