Opinión

Autoliderazgo


 
Las hojas o los espacios de los calendarios sólo traen el nombre del mes, un día y un número. Lo demás, lo que se escriba en ellas, es asunto, mérito o culpa de cada quien.
 
 
Si usted tuviera una libreta en blanco y en ella escribiera lo que desea para sí mismo y para aquellos a quienes ama, ¿qué escribiría?
 
 
Probablemente aparecerían en esas hojas objetivos relacionados con dinero, amor, felicidad, seguridad, tranquilidad, fama, reconocimiento, y todo aquello que la mayoría de la gente identifica con éxito. No discutamos las aspiraciones de cada cual. Cada quien decide qué es lo que anhela.
 
 
Pero en las páginas de la libreta en blanco no bastaría con escribir los objetivos. Hay que escribir cómo se van a alcanzar. Para eso hacen falta metas y actividades. Sin ellas, los objetivos son ilusiones en espera de un hada madrina.
 
 
Sin actividades concretas, sin metas con fecha, las aspiraciones se convierten en humo. Y habrá que sentarse cómodamente a esperar a que por efecto de un milagro se traduzcan en hechos.
 
 
Un calendario es algo más que una libreta en blanco. Porque las hojas de la libreta serán siempre hojas de papel, y por más que en ellas se escriba lo que se desea, seguirán siendo hojas.
 
 
Un calendario, en cambio, tiene una existencia multidimensional. Porque una es la hoja o el espacio de papel que alude a cada día, y otro es el día, tal cual, esto es, el tiempo de vida acotado cada 24 horas.
 
 
Entonces ya no se trata solamente de escribir deseos, sino compromisos. Compromisos con usted mismo, que son los más importantes y los más difíciles. Porque los compromisos que se asumen frente a otros tienen una carga coactiva que facilita o impone su cumplimiento. Los compromisos con uno mismo carecen de este impulso exterior y de un supervisor o de un auditor que exija rendición de cuentas.
 
 
A menos que usted decida ser su propio supervisor, más aún, su propio líder. Liderar a un grupo de 20, 100 o mil personas es una tarea exigente y demandante. Pero puede que liderarse a sí mismo sea más difícil.
 
 
Casi siempre soñamos con ser libres, sólo para darnos cuenta de que no sabíamos para qué queríamos serlo, de la misma manera que ansiamos tener más tiempo sólo para enterarnos, cuando lo tenemos, que no sabemos qué hacer con él.
 
 
Si usted sabe para qué quiere la libertad y el tiempo, es candidato a ser su propio líder. Llévese lo más lejos y alto posible. Tendrá que batallar con usted mismo, con sus pretextos, sus tentaciones, su apatía. Pero hacerlo será muy satisfactorio, porque vencerá el mayor obstáculo que existe para alcanzar los sueños, que suele ser uno mismo.
 
 
Los 365 días del año son 365 oportunidades (y ya se fueron siete). ¿Son muchas o son pocas? La respuesta es suya.
 
 
En todo caso, 365 días son pocos para hacerlo todo y muchos para no hacer nada.