Opinión

¿Autodefensas vs la CNTE?

10 febrero 2014 4:13 Última actualización 23 octubre 2013 5:2

 
Carlos Javier González
 

Hace algunas semanas en este mismo espacio escribíamos una reflexión sobre el poder que tiene la Coordinadora Nacional de Trabajadores (ja) de la Educación –CNTE– que demostró el músculo retrasando la discusión de la Ley General del Servicio Profesional Docente en el Congreso bajo el chantaje, la amenaza y la complicidad de una parte de la izquierda.
 

Dicho poder es evidente en algunas regiones del país, tales como Oaxaca en dónde tienen prácticamente de rodillas al gobernador Gabino Cué quien cede en absolutamente todas las exigencias que la CNTE la solicita, según dice él para no generar mayores conflictos políticos.
 

La realidad es que comienza a ser sospechosa la abyecta actitud de Gabino Cué ante la revoltosa central, por lo que comienza uno a cuestionarse si no tendrá más implicaciones que las que quiere aceptar públicamente e incluso, si no obtendrá beneficios adicionales del Gobierno federal, a quien ahora ha solicitado montos adicionales para la “educación” en su estado. Sin embargo, Oaxaca sigue presentado de los índices de aprovechamiento más bajos en el país, lo que se traduce en una baja productividad laboral y consecuentemente, se condena a dicha entidad al subdesarrollo endémico que la ha caracterizado por décadas.
 

Y sin embargo, la CNTE parece no haber disminuido su combatividad a pesar de que la reforma educativa sea un hecho consumado y contra el que no cabe recurso alguno y por ello, continua con la extorsión ante la inacción de gobiernos locales y federal a quienes parece importarles más la aprobación de la reforma energética que las violaciones constantes de los derechos de los ciudadanos afectados por la CNTE en el DF y el resto del país.
 

Lo que llaman prudencia política, la ciudadanía lo considera como cobardía y tibieza. Es por ello que el pasado día 17 en una marcha de los maestros hacia la Cámara de Diputados, en que para variar desquiciaron parte de la ciudad, los comerciantes del llamado “barrio bravo” demostraron su hartazgo hacia este movimiento sectario, fanático y anticiudadano de la peor manera posible: la violencia. Sin embargo, en redes sociales pareciera existir aprobación por esta acción, encontrando algunos sectores de la ciudadanía, defensores de sus derechos en dónde menos se lo esperaban: en el barrio que se caracteriza por la venta de productos ilícitos, de la informalidad, de la ausencia de autoridad, del sin respeto a la ley.
 

El riesgo verdadero es que la sociedad civil, ante la inacción de sus autoridades, tome la ley entre sus manos y comience a reproducir este tipo de eventos hartos como estamos de que un movimiento sindical corrupto, retrógrada e intransigente, tenga poder sobre las vialidades de nuestras ciudades y todo lo que ello conlleva, sólo porque a las autoridades les tiembla la mano al momento de aplicar la ley. No basta con un manejo deficiente de la economía, ahora hay que apechugar con autoridades que no tienen autoridad, con gobiernos que no gobiernan, con maestros que no enseñan, con calles que no se pueden circular y además, con eufemismos que hacen que la cobardía se disfrace de prudencia. La gravedad de esta incipiente reacción social es que la propia ciudadanía, pueda generar sus anticuerpos contra un movimiento que claramente ha superado a las autoridades y que se comiencen a dar cuerpos de autodefensa, pero ahora en las ciudades y zonas urbanas, lo que conlleva riesgos más importantes de estallidos sociales y de inestabilidad. Lo malo, es que parece ser que la autoridad apuesta a ello, a que la ciudadanía le “haga la chamba” para que no tengan que ensuciarse la manos. ¿Llegará a tal grado la inmovilidad de los gobernantes como para permitir que se den este tipo de choques sociales? Visto lo que han hecho –o mejor dicho lo que no han hecho– saque sus propias conclusiones.