Opinión

Autodefensas, un caso digno de análisis

¿Qué haría usted si grupos de ladrones y asesinos, llámense los Zetas, la Familia Michoacana, o Los Caballeros Templarios, primero le pidieran una cuota por mantener en actividad su negocio, por la venta de sus productos agrícolas, o por su actividad profesional, y después le exigieran, como “cuota” la entrega durante varios días de alguna de sus hijas o de su señora?

Lo he dicho en otras ocasiones y ahora lo repito: sin duda, organizaría en mi región un grupo de autodefensa.

¿Por qué? Por dos razones: primero porque el gobierno no cumple con su obligación de garantizar la seguridad de sus ciudadanos. La segunda, igual de importante, la de crear las condiciones adecuadas para la generación de empleos dignos requeridos por la población. Una y otra están fuertemente ligadas: la falta de empleos y oportunidades da lugar a que el crimen organizado atraiga a menores de edad y a aquellos que ni estudian ni trabajan a una vida, quizás corta, pero en la que pueden gozar del dinero mal habido y de placeres a los que nunca han tenido acceso.

Desarrollo económico exiguo durante las últimas décadas, que ha fluctuado alrededor del 2 por ciento anual, cuando lo deseable en un país en desarrollo como el nuestro –aunque difícil de alcanzar- es que llegara alrededor del 6 por ciento, como fue el caso en las décadas anteriores a 1970.

Generación de empleos insuficiente, y los creados, en su mayoría, mal pagados: el 54 por ciento de los asalariados perciben entre uno y tres salarios mínimos. En el otro extremo encontramos grandes empresarios y directivos del más alto nivel con remuneraciones que alcanzan un millón de dólares anuales, o más.

México de mis amores, México de enormes contrastes, México en donde alrededor de la mitad de la población está por debajo de la línea de la pobreza, México con grandes empresas capaces de competir con las mejores del mundo (una minoría) conviviendo con una gran masa de micro, pequeñas y medianas empresas que se distinguen por su lastimosa improductividad, lo que es una de las principales causas para que no se genere mayor riqueza en nuestra economía.

La violencia se alimenta, sin duda, de estas grandes disparidades, aunada a la falta de una educación de calidad, cimiento indispensable para un desarrollo digno, que además, esté basada en los valores universales: la honestidad, la libertad, el respeto al prójimo, el cariño a nuestra familia y a nuestro país, la preferencia del querer ser antes de el querer tener, la creencia en Dios como supremo creador de todas las cosas, por decir algunos.

El crimen organizado ataca, veamos como ejemplo el estado de Michoacán, y corrompe a policías, presidentes municipales, funcionarios públicos, ciudadanos, y hasta al exsecretario de Gobierno y durante un tiempo gobernador interino, Jesús Reyna, ahora procesado por estar presuntamente ligado con el crimen y la delincuencia. Por cierto, ¿el gobernador en turno estaba enterado de lo que hacía su subalterno más cercano? Cuesta trabajo creer que no.

Las autodefensas surgen en respuesta a un cúmulo de problemas que el gobierno federal, durante mucho tiempo, dejó hacer y dejó pasar. Ahora reacciona, negocia con las autodefensas e incorpora a algunos miembros de éstas a las fuerzas rurales.

Pareciera, así lo esperamos, pero sólo el tiempo lo dirá, que Michoacán va por buen camino, como ha sido el caso, por lo menos aparente, de Ciudad Juárez, Monterrey y Tijuana.

Valga el reclamo, un reclamo severo a nuestras autoridades, empezando por el poder ejecutivo, continuando por los gobiernos estatales y terminando con la policía, por haber sido incapaces de cumplir con su primera y más importante responsabilidad: atender la seguridad de los ciudadanos y de sus pertenencias.

La sociedad no puede quedarse cruzada de brazos, por eso justifico a las autodefensas, con todos los riesgos que esto lleva implícito. La sociedad debe organizarse y exigir a sus autoridades el cumplimiento estricto de sus responsabilidades. Menos discursos y más resultados, menos corte de listones, pero más planeación y mejor ejecución. La corrupción nos invade por distintos frentes, incluyendo a los ciudadanos y de ésta se alimenta también la violencia. Demos una batalla ejemplar para dejar de ser sólo habitantes “espectadores” en nuestras comunidades y convertirnos en ciudadanos ejemplares que exijamos, dando ejemplo, el cumplimiento con nuestro deber particular, y no únicamente exigiendo a los funcionaros públicos.

Difícil tarea ¿verdad? Pero no hay nada imposible. Empecemos hoy, mañana puede ser demasiado tarde, porque tener que asumirnos como autodefensas es peligroso, muy peligroso.

*Presidente de Sociedad en Movimiento.