Opinión

Ausencia de Estado

La desaparición, o matanza, de estudiantes normalistas en Iguala es evidencia de la ausencia de Estado en Guerrero. Se suma a los centenares de muertos que ahora se descubren en fosas clandestinas, similares a las que existen en otra zona que no tiene Estado, Tamaulipas. Las fosas de Iguala, sin embargo, se conocen desde al menos 2013, y tal vez eso explique la rapidez con que el gobernador de Guerrero dijo que los cuerpos ahí encontrados no serían de los normalistas.

La información que tenemos es que un centenar de normalistas habría llegado a Iguala el viernes 26 de septiembre. Dicen que iban a “botear”, pero lo hacían lejos de su zona normal. Los normalistas de Ayotzinapa frecuentemente realizan ese tipo de actividades: botear, secuestrar autobuses, o camiones de reparto, en los alrededores de Chilpancingo. Uno de sus lugares tradicionales es “Casa Verde”, que se encuentra en la carretera entre esa ciudad e Iguala, pero cerca de Chilpancingo. En ocasiones instalan ahí un retén para detener camiones y extraerles diésel.

El 3 de junio de 2013, sin embargo, se desplazaron hasta Iguala para sumarse a las manifestaciones en contra del presidente municipal, José Luis Abarca, por la desaparición de Arturo Hernández Carmona, dirigente del Frente de Unidad Popular, levantado con otras siete personas el día anterior, y cuya muerte se conoció durante esas manifestaciones. Los manifestantes atacaron y tomaron el palacio municipal.

En noviembre de 2013 los normalistas regresaron a Iguala y secuestraron siete autobuses, y el 3 de marzo de este año, instalaron un retén a las afueras de la ciudad, como el que tradicionalmente ponían en “Casa Verde”, a más de 100 kilómetros de distancia.

José Luis Abarca, presidente municipal, y su esposa María de los Ángeles Pineda, que tiene tres hermanos que fueron miembros destacados del grupo de Beltrán Leyva, eran los jefes de plaza en Iguala. Había evidencia abundante de esto, incluyendo el asesinato ya mencionado, desde hace tiempo. No se hizo nada. Cuántas personas perdieron su tranquilidad, su patrimonio, y su vida, por esta falta de Estado, no lo sabemos.

Ese 26 de septiembre, a las 6:00 de la tarde, Pineda presentó su informe de labores en el DIF y al día siguiente Abarca presentaría el suyo. A las 21:30 horas, policías municipales detuvieron dos autobuses secuestrados por los normalistas, y les dispararon. Después vendría la persecución, por parte de policías y sicarios, en la que murieron futbolistas, personas que iban pasando, y al menos tres normalistas más. Más de 60 jóvenes se dispersaron, y 43 de ellos no han vuelto a ser vistos. En diciembre de 2011, dos normalistas murieron en enfrentamiento con la Policía Estatal, y provocaron la muerte de un trabajador de una gasolinera. En 2013, dos normalistas murieron atropellados por un tráiler en Atoyac de Álvarez. Una matanza como la de ahora no había ocurrido.

Hay regiones enteras en México en las que no hay Estado, sino grupos que intentan suplantarlo para abusar de la población. Es un problema derivado del viejo régimen y del proceso de transformación de las últimas décadas. Hay quien confunde y habla de represión o rebelión, e incluso hay quien promueve mezclar otras dinámicas sociales. Antes inventaron “no más sangre”, ahora “demando tu renuncia”. Suelen sentirse moralmente superiores. Basura.

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