Opinión

Aunque usted no lo crea

 
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AMLO y Ángel Aguirre, en un evento en Guerrero. (Especial)

Gil habita un mundo alucinante. Sus periódicos de Gamés habían dado la noticia y manchado de tinta los dedos del autor de esta página del fondo. Sofío Ramírez, senador y sanador perredista aseguró que Ángel Aguirre Rivero podría regresar al gobierno del estado de Guerrero: “tiene derecho a volver y el plazo para hacerlo sería la media noche del 24 de abril”. La verdad es que Sofío no se da contra las paredes porque Dios es muy grande.

Unas horas después de la genialidad del senador, Aguirre Rivero dio a conocer un comunicado en el cual afirmó que pedirá otra licencia para seguir separado del cargo lo que resta del actual periodo de gobierno, así lo dijo Carlos Navarrete. Licencia tras licencia hasta que alguien llame a cuentas al exgobernador y le pida explicaciones sobre sus amigos los Abarca y sobre sus actividades durante la noche de Iguala.

Sofío dijo: “creo que los emisarios del gobernador Rogelio Ortega, antes de acelerarse buscando su ratificación, primero deberían tener respeto por el pueblo de Guerrero que votó por Ángel Aguirre, o en su caso ir a buscarlo”. En el amplísimo estudio se oyó un plañido: Ay, mis hiiijos.

Gil ya siente que quiere a Sofío, y mucho: “Yo no soy vocero de Aguirre; soy su amigo, no fui parte de su administración. Todo puede suceder, y si Aguirre presenta su licencia para no regresar al cargo, yo la acataré”. Estos son amigos y no pedazos. Buen amigo este Sofío. Gamés pide permiso para un desahogo rápido: granujas, bellacos, picaños, bribones. Ya: Gilga retoma su famosa serenidad republicana. Adelante.

Ortega, agujetas y café

Gamés ha insistido en lo que parece una verdad de cien kilos: el gobernador Ortega Martínez no hace un café, si le pidiéramos que se amarrara las agujetas lo pondríamos en un dilema muy serio. No empiecen con problemas de summa cum laude, podría contestar Ortega. Pero como diría el clásico: la verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero.

Así las casas (sí, muletilla patrocinada por Grupo Higa), Ortega tiene razón al decir que en Iguala no se han logrado erradicar todos los vínculos y complicidades establecidos por el exalcalde y tampoco se ha podido terminar con el cacicazgo del exgobernador Aguirre Rivero. El gobernador interino le respondió a Alma E. Muñoz de su periódico La Jornada que continúan las investigaciones sobre el gobierno de Aguirre, “nosotros mismos estamos en la ruta de los libros blancos” y están, además, por terminar más de 20 auditorías que Ortega pondrá en manos de las autoridades competentes. Gamés emperifolla sus anhelos y no pierde la esperanza de que le prueben a Aguirre una, mil irregularidades para que pare con sus huesos en chirona. Oh, sí. Con la pena.

Ignorancia

Gamés confiesa que no sabía quién es Morris Berman. En las mesas de muy jóvenes creadores todos hablaban de Morris Berman y Gil chiflando en la loma. Resulta que Morris (como ya sabe quién es, Gilga se referirá a este autor con cariño y confianza: Morris) presentó su nuevo libro: Convertir la paja en oro, publicado por Sexto Piso. En una nota publicada en su periódico Reforma, Morris cerró un ojo y le dijo a Silvia Isabel Gámez (pariente lejana de Gámes que luego devino Gamés): así de breve es la existencia. Oh, qué persuasivo: si Morris hubiera cerrado los dos ojos la breve existencia se habría convertido en inexistencia, todo negro.

“No hay más riqueza que la vida.” Este podría ser uno de los mensajes del libro de marras. Este historiador de la cultura y crítico social estadounidense dice sin empacho que se necesita un mundo con menos dopamina y más solidaridad. “Los individuos con altos niveles de este neurotransmisor carecen de empatía mientras que en las sociedades ‘dopaminérgicas’ se imponen la competencia y la agresión”. Aigoeeei. ¿Cómo lo ven a Morris dándole vuelo a la hilacha conceptual?

“Yo escapé de Estados Unidos porque eso es la vida allá: dopamina, competencia, consumismo. No pude tolerar ese ambiente”. En la actualidad, Morris vive en Coyoacán tan campante escribiendo de la dopamina. En honor a la verdad, Gil desea un mundo con más serotonina y mucha, mucha más endorfina, neurotransmisores del placer sincrónico y la empatía suave como chiclosona. Así que, jóvenes, a producir la endorfina y la serotonina. Caracho, al parecer sobran en nuestros tiempos los embaucadores y, en consecuencia, también los embaucados. En fon.

La máxima de Stendhal espetó dentro del ático de las frases célebres: “El hombre poco claro no puede hacerse ilusiones: o se engaña a sí mismo, o trata de engañar a otros”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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