Opinión

Aumento de los ataques de fundamentalistas musulmanes a cristianos

El secuestro de más de 200 niñas de una escuela en Chibok en el Norte de Nigeria -zona donde el gobierno de ese país no tiene un control firme- por parte de un grupo terrorista musulmán, Boko Haram (BH), el 16 de abril pasado y su conversión forzada a la fe musulmana, es una evidencia más de las persecuciones y maltratos del islam radical a los más de 100 millones de cristianos en el mundo. En el presente se desconoce el paradero de las secuestradas; existen conjeturas de que pueden estar en una zona remota en medio de la selva y por ello su rescate es sumamente difícil; también se menciona que fueron violadas por sus captores y serán vendidas como esclavas.

Cabe destacar que de la población total de Nigeria, 174 millones, 50 por ciento son musulmanes y 48 por ciento cristianos (28 por ciento católicos; 31.5 por ciento protestantes y 40 por ciento de otras denominaciones cristianas). Nigeria, con una superficie de 923 mil 768 kilómetros cuadrados, es el país más poblado de África.

De acuerdo con los fundamentalistas islámicos, la base teológica para la persecución de los cristianos y en general para quienes no son musulmanes, está en el Corán, en el cual Dios les ordena luchar contra ellos. La Yihad, guerra santa, constituye un deber religioso para convertir a todo el mundo al islam, ya sea por la persuasión o por la fuerza, sin importar a qué raza, etnia o cultura pertenezcan o qué idioma hablen.

BH, que en un idioma local de Nigeria significa “la educación Occidental es un pecado”, se opone especialmente a la educación de las mujeres, las cuales deben estar en su casa criando niños y cuidando a sus esposos; no deben ir a la escuela a aprender a leer y escribir; de aquí su obsesión por atacar violentamente a centros de enseñanza. En este ámbito, el objetivo fundamental de BH es aplicar la Sharia, la ley islámica, en forma estricta en los 36 estados y un distrito federal de Nigeria y no sólo en el norte donde son mayoría; en el sur predominan los cristianos.

La lista de atentados terroristas perpetrados por BH desde su fundación en 2002 es amplia. En diciembre de 2011 el gobierno de Nigeria declaró el estado de emergencia en cuatro estados del norte y centro de esa nación, tras una serie de actos terroristas atribuidos a esa organización. En 2013 BH protagonizó varios ataques a centros educativos causando muchos muertos; las tropas gubernamentales han enfrentado a BH con extrema violencia; los fundamentalistas han presentado mayor resistencia en la región noreste, misma que está en recesión y registra la menor tasa educativa de Nigeria.

Los excesos del Ejército de Nigeria para reprimir a BH han provocado protestas de grupos defensores de los derechos humanos, acusando al gobierno de llegar demasiado lejos en sus tácticas de cateos ilegales, torturas y ejecuciones; a su vez, BH ha apoyado abiertamente el terrorismo contra la población civil en el logro de sus objetivos políticos y religiosos. Amnistía Internacional estima que en Nigeria más de mil 500 personas murieron en el primer trimestre de 2014, la mitad civiles. La violación de los derechos humanos y la impunidad existente para castigar a los transgresores de ambos bandos ha creado un ciclo devastador de los conflictos y una violencia cada vez mayor.

La racha de secuestros por parte de BH se inició en mayo de 2013; el líder de los terroristas anunció en un video que éstos serían parte de su campaña sangrienta; que los secuestros eran la respuesta a las fuerzas de seguridad nigerianas por detener a las esposas e hijos de los miembros de BH. En noviembre de 2013 secuestraron a decenas de mujeres cristianas; el Ejército rescató a la mayoría en las profundidades de la selva en Marduguri; algunas estaban embarazadas, otras habían dado a luz y otras más se habían convertido al islam y estaban casadas con sus secuestradores.

Por lo demás, los problemas sociales en Nigeria no sólo derivan de la violencia que ejercen los fundamentalistas, sino que se han gestado desde los noventa entre las empresas petroleras que operan en ese país y los pueblos locales. Durante cuatro décadas Nigeria ha explotado el petróleo, que actualmente representa 80 por ciento de los ingresos presupuestales y 90 por ciento de su intercambio con el exterior. Nigeria produce 2.5 millones de barriles diarios de petróleo, gran parte en la denominada zona del Delta del Niger, 70 mil kilómetros cuadrados habitados principalmente por cristianos; esta zona no sólo concentra la riqueza petrolera, también del territorio más fértil de Nigeria, que en un tiempo fue la región agropecuaria más importante.

La producción petrolera ha impulsado la urbanización de la capital del petróleo, Porte Harcourt, junto con la de otras ciudades a las que azota la pobreza, el desempleo y la corrupción oficial. 70 por ciento de los habitantes de Nigeria viven con menos de un dólar al día; la contaminación del aire es alarmante por el proceso de venteo del gas, que ha provocado enfermedades respiratorias, situación que ha derivado en movimientos de protestas a gran escala, como el del pueblo Ogoni; empero, el gobierno ha hecho caso omiso apoyando a las empresas petroleras.

Por otra parte, BH atiza la mecha de la violencia, el 20 de mayo pasado hizo explotar dos coches bomba en una concurrida terminal de autobuses y en un mercado con saldo de 118 muertos; las autoridades estiman que el número de víctimas podría ser más elevado, porque el mercado estaba abarrotado en el momento del atentado. La demencia de BH no tiene límites.