Procura, el lastre de la industria petrolera
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Procura, el lastre de la industria petrolera

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Procura, el lastre de la industria petrolera

14/02/2018

La semana pasada Rocío Nahle, brazo energético de AMLO, hizo público un fragmento de la investigación que hacen las autoridades brasileñas donde se acusa directamente a Emilio Lozoya de haber recibido cinco millones de dólares cuando era director de Pemex, por parte del catártico villano que funge como vaso conductor de la corrupción en este sexenio: Odebrecht.

Tomando como pretexto ese suceso, es menesteroso hacer una radiografía de cómo operan las 'coimas', término sudamericano como se conoce a los cochupos (corruptelas, si eres muy fresa) en la Torre de Pemex, y cómo se llegó a ese punto.

Lozoya, mediante Froylán Gracia Galicia como su coordinador ejecutivo, comenzó la reestructuración de la empresa bajo un esquema que permitiera controlar desde lo más alto de la cúpula a los empresarios contratistas de la misma, desde los más poderosos hasta los más pequeños, y por supuesto todas de origen mexicano.

Con la premisa de que generaría ahorros al centralizar la contratación de obras, servicios y adquisiciones, se creó la Dirección Corporativa de Procura y Abastecimiento, en la que colocaron estratégicamente a Arturo Henríquez Autrey. Comenzó así el lastre para empresarios mexicanos del ramo, quienes me confían que uno a uno se les fue llamando para obligarlos a realizar descuentos a los servicios que proveían, firmando cartas donde aceptaban dar 'voluntariamente' descuentos además de que recibirían su pago hasta 180 días después.

Así comenzaron a enterrar a las pequeñas y medianas empresas, que detonaron la crisis de empleo en las costas del Golfo de México.

Entonces, después de la salida de Carlos Morales como director de Pemex Exploración y Producción (PEP), llegó Gustavo Hernández pasando sin pena ni gloria y dejó el lugar a Javier Hinojosa Puebla. Con José Antonio González Anaya en la dirección general, el área más poderosa de Pemex, Procura, pasó a ser una dirección operativa dependiente del actual director general, el ingeniero en alimentos Carlos Treviño Medina, en su segundo paso por la Dirección Corporativa de Administración.

Así, Procura comenzó a involucrarse directamente en PEP, en la que se comenzaron a asignar contratos a empresas sin experiencia, empresas de papel, que se dedicaban a adquirir otras empresas quebradas en México, Estados Unidos, Colombia, entre otros, para poder utilizar solamente su experiencia y asignarse jugosos contratos.

Procura es una de las principales culpables de la caída en la producción de petróleo y gas en el país, por lo que PEP ha tenido que estirar los contratos vigentes lo más que pueda, vaya, hacerlos rendir desde mediados del sexenio a la fecha, ya que como me comentan fuentes de esa dirección, es casi imposible sacar a licitar un nuevo proceso, aunado a las trabas financieras que hacen a PEP prácticamente congelar el dinero que servirá para soportar una nueva contratación.

Por lo pronto, PEP continuará con la necedad de seguir haciendo contratos gigantes en áreas como las subdirecciones de Confiabilidad y de Servicios a la Explotación, que no benefician a nadie y que secuestran en ARES, otra pared burocrática, el escaso dinero de Pemex que podría invertir en actividades que si le generen producción de hidrocarburos.

La primera incursión de la Afore en el sector energético salió mal y aún no está claro qué pasó con los 200 millones de dólares que le metieron SURA y Banamex a Oro Negro a través de un CKD de Axis Capital, y que hoy enfrenta concurso mercantil.

Esperemos que la segunda no corra la misma suerte, y me refiero a la cuantiosa inversión que hicieron Afore XXI Banorte, Azteca, Invercap, PensionIssste, Principal, Profuturo y una vez más Banamex y SURA, de 60 por ciento de la colocación que hizo la CFE de su primera Fibra-E para construir infraestructura eléctrica en el país.

Son nueve mil 784 millones de pesos que ya tiene en sus arcas la empresas productiva del Estado que hoy administra Jaime Hernández, apenas un pellizquito de los más de tres billones 169 mil millones de pesos que tienen las Afore, pero que el siguiente año, con el nuevo gobierno, quién sabe.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.