Opinión

Atrás del espejo, John Green

Descubrí a John Green porque tengo una hija adolescente. Antes de que ella me hablara de él, el Sr. Verde no existía en mi mundo. Celebro el descubrimiento porque me recordó mi vida de adolescente y me permitió atisbar el universo en el que viven los que hoy son adolescentes. Lo celebro, también, pues me hizo sentir menos sola y mirar un poquitín más lejos.

Green tiene una pluma que parece a ratos pincel y a ratos bisturí. Una mirada filosa y una cabeza que se deleita bailando en muchos registros. Lo más notable de John Green, con todo, es que se anima y se arriesga a decir en voz alta y en palabras impresas lo que siente, intuye y ve en los jóvenes del siglo XXI. Seguramente porque algo dentro de él conecta con esa mezcla de desencanto completo, angustia y entusiasmo infantil de sus personajes y no le asusta tocarlo. Seguramente porque no le queda de otra, porque para él escribir lo que ve no es una elección: tiene que escribirlo, tanto como otros tenemos que respirar, comer o (a ratos) gritar. ¿Desde qué otro lugar si no, escribir cosas como, por ejemplo: ““Y´all smoke to enjoy it. I smoke to die.” Dicho por Alaska, la protagonista insufrible y entrañable de Looking for Alaska, su primera novela.

Con Green volví a tocar ese lugar oscuro, gozoso, mortífero y fértil que es la vida vivida desde los 16 o los 17 años. Esos amores primeros de los que uno no se recupera nunca y que lo marcan a uno de por vida. Esos terrores mirándote al espejo y rebotando contra el espejo de enfrente. Esas ganas de bañarte en la vida y comértela, seguidas de ganas, igualmente intensas, de morirte ahorita mismito.

Su novela más famosa, The Fault in Our Stars, convertida ahora en película, es una historia de amor, a un tiempo dulce y desgarradora. Dos chicos enfermos de cáncer. Una historia de amor a pesar del cáncer, con todo y el cáncer. La vida estallando en una escalera, en un cuarto de hospital, en una sala cualquiera jugando un juego cualquiera. El amor abriéndose paso más allá del defecto en sus estrellas, más allá de todo ese dolor y esa muerte, que no escogieron, creciéndoles adentro.
Una mirada que no se asusta con la enfermedad maldita. Una mirada que no se arredra ante ella. Cáncer y vida conviviendo, peleando, andando. Personajes llenos de recovecos, de luz y de oscuridades completas. Diálogos maravillosos y familias más enredadas con la enfermedad que los propios enfermos.

Un hilo fuerte que recorre la obra de Green es la celebración, sin remilgos ni aspavientos, de la inteligencia y lo que podríamos llamar la “cultura nerd”. A John Green le gusta leer, ha leído mucho y no se cansa de recordárnoslo. Desde el desafío a Shakespeare en el título de su novela más famosa hasta la referencia constante a la pintura y la gran literatura, pasando por la celebración de la memoria y el clavado solipsista en temas oscuros y obtusos, lo de Green es festejar, todo el rato, la fascinación por el conocimiento.

Una bocanada fresca de tramas bien construidas, de historias que te atrapan y de frases para imprimir en letras grandes. Un ojo mirando por la cerradura las vidas de chicas y chicos que no acaban de encontrar su lugar en el mundo. De jóvenes que perdidos, angustiados y todo, saben que ser fieles a quienes son, conectar con otros parecidos y asombrarse ante las infinitas capas de la realidad vivida y heredada es el único camino.

Como algunos otros autores que escriben libros para adolescentes, John Green abre vistas y escudriña críticamente nuestro mundo más y mejor que muchos de los que escriben para los adultos. Lean, si no, por ejemplo, Divergente.

Twitter: @BlancaHerediaR