Opinión

Atorado, pero sigue

   
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TLCAN. (Reuters)

Como usted sabe, ayer terminó la cuarta ronda de negociaciones del TLCAN, y se acordó que habrá una quinta en la segunda mitad de noviembre (no en este mismo mes de octubre, como originalmente se había pensado), y que además se piensa que puede haber otras en el primer trimestre de 2018. Aunque esto cancela la posibilidad (remota) de que pudiera terminarse la negociación en este mismo año, ahora resultó una buena noticia, porque muchos ya están esperando que, de un momento a otro, Donald J. Trump de plano denuncie el TLCAN, y pasemos a otro nivel.

Aunque sigue la discusión acerca de si el presidente de Estados Unidos, por sí solo, puede retirar a su país del TLCAN, o si requiere ratificación del Senado, es evidente que una noticia de este tipo nos complicaría mucho las cosas. Ya habíamos comentado cómo el dólar aumentó en un peso su cotización desde el fin de la tercera ronda, cuando se hicieron públicas un par de peticiones absurdas de los negociadores estadounidenses.

Al respecto, fue muy clara la canciller canadiense, Chrystia Freeland, quien dijo que se habían recibido algunas propuestas muy extrañas en la negociación, que no son normales en los acuerdos comerciales, e implicarían un retroceso en el TLCAN. Antes de eso, dedicó unos minutos a recordarle al negociador estadounidense, Robert Lighthizer, la gran historia de amistad que tiene Canadá con Estados Unidos, que les ha llevado a participar incluso en guerras como aliados.

Pero Lighthizer respondió, en la misma conferencia de prensa, que no puede entender por qué sus contrapartes no aceptan sus propuestas, que tienen como objetivo reducir su déficit comercial e impedir que se pierdan empleos en Estados Unidos. Es una verdadera tragedia que ni el presidente Trump, ni su negociador, tengan al menos una idea remota de cómo funciona el comercio exterior, o del impacto de la tecnología en las manufacturas. Como lo mostramos en las últimas dos entregas de Fuera de la Caja, no es cierto que México atraiga empleos con base en salarios más bajos, ni es cierto que los empleos de estadounidenses se han movido a México.

En las tres etapas que van del TLCAN, una primera hasta el ingreso de China a la OMC, otra desde entonces hasta la crisis de 2009, y la tercera a partir de esa fecha, se observa con toda claridad el fenómeno. En la primera, no hay más empleos en ninguna de las partes. En la segunda, el ingreso de China al mercado mundial golpea duramente a Estados Unidos. En la tercera, es decir, desde 2009, México y Estados Unidos generan empleos de forma simultánea, porque pueden competir con China, como no pudieron hacerlo antes de la crisis de 2009.

Pero ni esto ni las decenas de artículos de especialistas ni los libros de texto más elementales, pueden ilustrar a quien no quiere entender nada. En la mente de Donald J. Trump, el libre comercio es dañino, y los mexicanos somos despreciables, y nada va a hacerlo cambiar de opinión.

La postergación de las negociaciones puede ser una buena idea, esperando que en ese lapso las cosas para Trump se compliquen aún más en su país, pero es difícil tener una expectativa concreta de que pudiera ser removido pronto. Tal vez con un poco más de tiempo crean los empresarios de los tres países que pueden convencerlo de no derrumbar el acuerdo, o estén ya haciendo consultas para verificar si se requiere ratificación del Senado y trabajando para que ésta no ocurra.

Como quiera, no hay duda del daño que este personaje está causando a su país. Y de paso, al nuestro.

Twitter: @macariomx

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