Opinión

Atole con las cruzadas

30 julio 2013 5:22

 
El país ya no está para políticas a medias y la presente administración se empeña en lanzar cruzadas que son paliativos para una problemática social mucho más grave. Confunden una estrategia de alivio contra una crisis coyuntural, con un proyecto serio de desarrollo de largo plazo.
 
Bajo este tenor se encuentran las cruzadas contra el hambre y la informalidad, así como la iniciativa de un seguro de desempleo. Por supuesto que se dedicarán recursos para tal efecto y habrá resultados positivos en algún segmento de la población, cuando menos lo suficiente para la demostración mediática.
 
Suena muy alentador decir “vamos a darle comida, salud, dinero y vivienda a todos los pobres en México”; financieramente es insostenible y terminan siendo medidas muy focalizadas, que distraen de un avance permanente.
 
 
Tan han fracasado todos estos programas asistencialistas que el número de pobres sigue en ascenso y la concentración de la riqueza se hace cada vez más lastimosa.
 
 
Ya había reseñado en este espacio que para la cruzada contra el hambre prácticamente se están utilizando presupuestos ya asignados y solo se les ha redirigido. El alance son algunos municipios vulnerables.
 
En cuanto a la informalidad, detrás de ella hay pobreza, ilegalidad, baja productividad, ineficiencia, nula competitividad internacional, falta de cobertura de salud, incapacidad de ahorrar para el retiro, entre una infinidad de efectos colaterales.
 
 
Nuevamente se promete, como todas las administraciones anteriores, la simplificación administrativa para el establecimiento de los negocios, como si eso fuera la única condición para lograr que haya formalidad en la economía.
 
Pierden de contexto que dicha actividad sea un fenómeno que nace de las condiciones de mercado. Las crisis sucesivas en México han provocado la evasión de impuestos, el tinaguismo y el avance de la delincuencia que se nutre de ella, como es el contrabando.
 
El disparo de la informalidad se ha venido incrementando y solapando por las autoridades porque ha servido como una despresurización social. Esto explica porque las tasas de desocupación, si bien altas, con menores a los niveles de naciones desarrolladas. En México es un lujo estar sin trabajo, porque no hay ahorro, ni seguro de desempleo, lo cual implica que todos los jóvenes que salen al mercado laboral terminan fuera de la formalidad.
 
El verdadero cambio se dará en el momento en que la producción del país crezca a tasas superiores al 6% y eso será posible cuando el gobierno se convierta en un promotor de los negocios y apoye desde un enfoque microeconómico con una política industrial bien articulada.
 
El seguro de desempleo será todo un fiasco, para que puedan probar que la persona está sin ocupación, cuando hay una mayoría de población vinculada al sector informal. Ahora bien, el monto propuesto para dicho seguro es bajísimo, pues el salario mínimo es un mero punto de referencia. Este tipo de apoyos solo pueden ser aplicados en un país que tiene un sector formal sólido. Lo demás, es demagogia.
 
Con este enfoque de política económica, prácticamente se está endosando toda la crisis social a la siguiente administración.
 
 
 
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