Opinión

Los aterrizajes cambiaron por aproximaciones fallidas

Ni modo. Los vecinos pudientes de Las Lomas tendrán que aguantarse, al menos para que emerja nueva evidencia técnica que permita modificar la aproximación al aterrizaje que hacen los aviones que llegan al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Así lo confirmó ayer Alexandro Argudín, el director general de Aeronáutica Civil de la SCT, quien dio la mejor de las razones para el cambio: fue por seguridad, dijo, porque de un análisis hecho a las aproximaciones fallidas al AICM (aquellos intentos de aterrizaje que no logran materializarse y deben intentarse de nueva cuenta), se concluyó que una buena cantidad de ellas se derivaba de que la apretada curva que los pilotos tenían que realizar bajo la anterior radial 160 les dejaba un estrecho margen de maniobra.

Es verdad, como dice Alexandro, que cuando uno llegaba a la Ciudad de México muchas veces se miraban de manera directa (a la izquierda) los techos a plenitud de los edificios de la capital, mientras que en las otras ventanillas (a la derecha) sólo se veía el cielo. Esto valida su determinación: la vuelta para aterrizar en la capital era muy cerrada. De ahí que las aproximaciones fallidas se explicaran en buena medida por ello.

Ahora, con la nueva radial 168 y la posibilidad de una vuelta más amplia y cómoda para los pilotos, eso deja de ser una preocupación.
Alexandro niega que la razón del cambio sea porque la ruta anterior pasaba por encima de Los Pinos, y aduce a que estrictamente era por la argumentación arriba citada. Señala que el aeropuerto capitalino está saturado, al límite, y que para el buen desempeño del crecimiento que deben tener las operaciones aéreas a la capital, es necesario que se establezcan rutas en los aeropuertos aledaños. De manera que veremos un incremento de actividad en lugares como Toluca y Querétaro (por lo menos mientras se construye la ampliación del AICM).

Argudín dice que el diálogo con los vecinos de Las Lomas está abierto, y que si ocurre alguna adecuación a la radial para aproximar los aterrizajes, ésta será muy probablemente con sistemas satelitales, lo que podría permitir un ajuste, por ejemplo, a la utilización de los flaps en la aproximación, tratando de causar menores molestias a los vecinos de las colonias por donde pasan los aviones.

Una de las reflexiones mejor argumentadas por Alexandro es que las ciudades son entes vivos y que los aeropuertos se convierten en polos de atracción del desarrollo económico y habitacional. No hay forma, pues, de aislar la actividad aeroportuaria de las ciudades modernas.
Insisto entonces en que los quejumbrosos vecinos de Las Lomas deben ir llamando a los instaladores de duovent. Será una inversión de por vida.

Twitter: @SOYCarlosMota