Opinión

Atentados electorales

  
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Hillary Clinton. (AP)

Hace unas semanas en este mismo espacio, dedicábamos párrafos completos a analizar la eventual derrota de Hillary Clinton. Los escenarios de más alto riesgo consistían en eventos inesperados: un colapso financiero, un ataque terrorista y el posible impacto de un desastre natural.

Este fin de semana, primero en Minnesota y después en Nueva York, diferentes personas asociadas a causas relacionados a la lucha del Estados Islámico, cometieron actos de terror y atentaron contra la vida de civiles.

Vale la pena intentar explicar por qué estos eventos a 50 días de la jornada electoral, pueden tener un impacto en la decisión de los votantes.

Donald Trump está convencido de que el “abierto y poco regulado sistema migratorio de los Estados Unidos” es la causa principal de que estos eventos sucedan. El sistema es incapaz de realizar búsquedas detalladas, filtros rigurosos, vetos y rechazos en automático. Lamentablemente, el joven Ahmad Khan Rahami (28 años) afgano naturalizado estadounidense, le da todos los elementos para que el vociferante y falaz Trump, pueda convencer a incautos votantes con tan primario argumento.

Rahami no pertenece a la categoría de los migrantes, sino a la de los “lobos solitarios” o tal vez incluso a la de los “atacantes durmientes”. Es decir, aquellos que han logrado ya establecerse por años en una sociedad, ser aceptados como locales y después realizar un ataque terrorista como las bombas de Nueva York el pasado sábado por la noche. Fue un migrante, pero después pasó los exámenes y demostró ser digno de la ciudadanía. ¿El sistema se equivocó? Probablemente, pero es un problema distinto, porque Francia, Alemania, Estados Unidos, España e incluso Estados Unidos, están llenos de cientos de miles de personas que migraron hace una o dos décadas y recibieron la ciudadanía.

El problema para la jornada electoral, es que el discurso antiinmigrante gana adeptos.

La hostilidad de Trump se ve sustentada a los ojos del elector con incidentes como estos, se demuestra en los hechos, que el “sagrado” suelo norteamericano, se ve atacado por lo violencia externa, la que migra y los ataca en su territorio.

Eso es lo grave. Esa consecuencia tendrá un impacto en las encuestas de los próximos días, aunque ya la levantada la semana pasada –anterior a los sucesos- apunta a un crecimiento en los números de preferencia a favor de Trump.

Hillary Clinton apareció ante los medios en el hangar de un aeropuerto con un mensaje serio, formal, estilo gobernante y comandante en jefe, donde hace mención de su experiencia “como la única candidata en esta carrera, que ha luchado y combatido con éxito contra el terrorismo internacional”, en el claro intento por marcar una diferencia con su oponente republicano.

Sin embargo, por primera vez en la contienda, confieso preocupación. No sólo los números favorecen en estos últimos días al orate de la peluca platinada, sino que además, su discurso beligerante, impulsor de la confrontación, del ataque a los terroristas, de la destrucción del Estado Islámico, de la fuerza militar americana como poder dominante en el globo, nuevamente, hace sentido a millones de electores, nostálgicos seguidores del militarismo estadounidense en el mundo. Son justamente esos conservadores a quienes el mensaje de las armas, del predominio militar mundial, les exalta un nacionalismo primario y mal entendido. Son esos los principales detractores y críticos del presidente Obama que retiró tropas de Irak y de Afganistán y a quien culpan, en buena medida, del desastre Sirio por su negativa a la intervención.

Hillary paga la debilidad de la neumonía y del desafortunado discurso de los impresentables, al referirse a los seguidores de Trump. Su apuesta, la población de origen hispano que de movilizarse y expresar su rechazo mayoritario al republicano, podría ser un factor determinante en la elección. La otra, los dislates, resbalones, excesos y torpezas diarios de Donald.

Nuestra esperanza, el primer debate presidencial el próximo lunes 26, donde se medirán, frente a frente, discursos, mensajes, posturas y corduras. Si Hillary sale vencedora, repuntará en las encuestas. Si Trump la aplasta, el futuro es oscuro y peligroso.



Twitter: @LKourchenko

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