Opinión

Asombros y estupores

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Jimmy Morales.

Repantigado en el mullido sillón, Gil recibió el informe de uno de los drones que vigilan el amplísimo estudio y sobrevuelan además la vida pública: “los guatemaltecos efectivamente han pasado de Guatemala a Guatepeor”. Gamés lo había leído en su periódico El País en una nota de Jan Martínez Ahrens: “la revolución cívica que vive Guatemala y que ha llevado a la cárcel al anterior presidente, Otto Pérez Molina, ha acabado beneficiando a un candidato que es la encarnación de la antipolítica. El comediante, teólogo y economista Jimmy Morales ganó por sorpresa la primera vuelta de las elecciones presidenciales, con cerca de 25 por ciento de los votos”.

Jimmy
Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: aquí hay complejidades. Un presidente corrupto va de la casa presidencial a la cárcel y las elecciones las gana un cómico. Cómo diría un comediante mexicano: ¿qué nos está pasando, Laureano?

Gilga tuvo la mala idea de buscar en las páginas de la red a Jimmy y lo que descubrió lo llenó de estupor. Se trata de un comediante que se disfraza de Drácula y se pone dientes y habla en falsete. Con decirles que Eugenio Derbez parece un actor de la Royal Shakespeare Company junto a ese compacto mazacote de la comedia.

Cierto, Gil ha exagerado: más bien es como si Derbez ganara las elecciones y en su discurso victorioso dijera: ¡fue horrible, fue horrible! Agreguen a la originalidad de Derbez, mju, las destrezas cómicas de la India María y tendrán el perfil exacto del que podría convertirse en presidente de Guatemala el 25 de octubre en la segunda vuelta. En el amplísimo estudio se oyó un lamento: ¡ay, mis hijoos latinoamericanos!

Gamés ha visto en el triunfo de Jimmy Morales una lección ejemplar: despreciemos a la política, pero no tanto; odiemos a los partidos políticos, pero no se nos pase la mano; critiquemos a la democracia, pero con algo de cariño porque, miren ustedes, Gilga ve a Adal Ramones en la Secretaría de Hacienda y a Jorge Ortiz de Pinedo en la Secretaría de Educación. Mejor no le buigas tres pies al gato de la comicidad. Otra cosa sería, desde luego, que viviera el campeón del humorismo blanco, Capulina, pues habría dicho: a pa' eleccioncitas las de Guatemala. Gilga le desea suerte a los guatemaltecos, la van a necesitar pues los rivales de Jimmy son un millonario acusado de plagiar una tesis para recibirse de doctor y la esposa del expresidente Colom. De los tres, no hacemos medio.

Narvarte y anexas
Más asombros. Gamés lo leyó en su periódico La Razón. Una de las víctimas del crimen de la colonia Narvarte, la colombiana Mile Virginia Martín, conocía al asaltante que llevaba la pistola, Abraham Torres Tranquilino, expolicía detenido mientras firmaba los papeles de su libertad condicional. Ella le abrió la puerta del departamento de Luz Saviñón a los asesinos. En una nota de Carlos Jiménez aparece la fotografía de ambos en una fiesta.

Según la versión de Jiménez, desprendida de las declaraciones del expolicía, Mile Virginia Martín había robado cocaína y los asesinos la recuperaron el día del homicidio después de torturar a la colombiana y asesinar de paso a Rubén Espinosa, Nadia Vera, Yesenia Quiroz y Alejandra Negrete. Según el expolicía la droga pertenecía a Los Zetas. Aigoeei.

Otro kilogramo de estupor (cuidado, Gil escribió estupor). Se fortalece la hipótesis del móvil del asesinato por un asunto droga (¿cómo ven a Gil en plan de reportero de nota roja? ¿Bien?). Ahora mal, muy mal: ¿quién les va a explicar a los escritores notables que protestaron en una carta y le exigieron al presidente que resolviera el caso y protegiera a los periodistas? ¿Alguien? ¿Quién les va a explicar a Salman, a Noam, a Paul, a Margaret?

Queridos amigos escritores: fíjense que en el caso de los asesinatos de la colonia Narvarte todo hace parecer que se debió a un ajuste de cuentas entre traficantes. También parece que, pero parece mucho, que los asesinatos de las otras cuatro personas, incluyendo al fotoperiodista y a la activista y antropóloga, sucedieron en condiciones terribles y no puede afirmarse, ni por asomo, que se deba a las amenazas que Espinosa recibió en Veracruz. En el amplísimo estudio se oyó un lamento desgarrador: ¡ay, mis hijoos solidarios! Estupor.

La máxima de Cesare Pavese espetó dentro del ático de las frases célebres: “La sorpresa es el móvil de cada descubrimiento”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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