Opinión

Así vamos… sociedad sin derecho ni justicia

10 febrero 2014 5:5 Última actualización 15 agosto 2013 5:2

 
 
Juan Castaingts Teillery

En un trabajo denominado ‘The Moral Instinct’ aparecido en el New York Times (enero 13 del 2008), Steven Pinker siguiendo a varios antropólogos, señala 5 elementos comunes a la moral de los pueblos del globo: rechazo a la injuria, imparcialidad, lealtad al grupo, respeto a autoridades y a gente de rango y pureza. A lo largo de la historia y de acuerdo con cada sociedad y cultura, los conceptos que contienen esos elementos comunes son variables, pero lo importante es el hecho de que los cinco suelen ser factores constantes de las sociedades humanas.
 
 

Akerlof, un economista que tiene el premio Nóbel señala, siguiendo a Keynes, que existen ‘espíritus animales’ es decir, factores no economicistas que impulsan al hombre y que son fundamentales en la actividad humana y económica. Dentro de los animales espíritus claves que tenemos todos los hombres, se encuentra el espíritu de justicia.
 
 

La idea de justicia es un hecho esencial tanto para la sociedad como para la economía. Existe en la sociedad mexicana un sentimiento de injuria es decir, un agravio hecho contra la razón y la justicia y un sentimiento de que no hay imparcialidad, de que los órganos de aplicación del derecho funcionan mal y son parciales y por ende, se desconfía de todo el poder judicial que ha perdido el respeto de buena parte de la sociedad. De esta manera, 3 de los 5 elementos comunes al instinto moral o ético de casi todas las sociedades se encuentran en grave entredicho en nuestro país, así como el sentimiento de justicia que es clave en un sano proceso económico. En síntesis, la sociedad mexicana sufre de anomia es decir, una descomposición grave de la vida social.
 
 

El estado de derecho no sólo es un acto del poder judicial sino de la sociedad ante el poder judicial. Lo fundamental en un proceso social es el sistema de legitimidad que consiste en la representación común que el público se hace de la justicia. El sistema de legitimidad funciona adecuadamente cuando el discurso de la autoridad se acepta como solución por el conjunto social. Hoy no es así y por eso estamos ante una crisis de legitimidad.
 
 

La crisis de legitimidad conduce a la sensación de confusión, de peligro y de incertidumbre. En medio del peligro, confusión e incertidumbre, una sociedad no se puede reproducir adecuadamente. Una de las bases de sostén de lo social es el sistema de legitimidad, por eso su crisis afecta el centro del lazo social y en consecuencia sus implicaciones se extienden a toda la economía. Una economía en medio de incertidumbre y confusión no funciona adecuadamente.
 
 

La situación es muy grave. Ya no podemos conocer nuestros derechos y obligaciones leyendo cuidadosamente la ley y el código, pues nuestra lectura tiene alta probabilidad de ser opuesta a la de las resoluciones de los órganos jurisdiccionales de ser rechazada y excluida por cualquier juzgado y por la Suprema Corte.
 
 

¿Cómo vivir en sociedad sin saber cuáles son nuestros derechos y obligaciones? No comprendo la lógica de muchas de las decisiones de los jueces. Veo falacias y explicaciones retóricas es decir, argumentos que si se les escarba un poco, no cumplen con los dictados de la lógica y la justicia. No puedo conocer mis derechos y obligaciones leyendo la ley. Me encuentro perdido sin referencias simbólicas que guíen mi comportamiento. Vivo en una sociedad sin norma, en la anomia pura descrita por el sociólogo francés E. Durkheim. Estoy seguro que comparto sentimientos con un alto porcentaje de la sociedad.
 
 

Estamos en manos de leyes imposibles de comprender y de resoluciones jurídicas sin sentido, todo lo cual es campo de cultivo para el crimen, el narcotráfico y la corrupción. La impunidad es el mejor resorte de la criminalidad. Vivimos entre narcotraficantes, secuestradores, atropelladores de derechos y políticos mediocres, una parte de ellos corruptos.
Esquizofrenia en la aplicación del derecho. Grave enfermedad padecemos. Sin ley justa no hay sociedad sana y no hay economía sana. Dos elementos son claves para una nación: educación y justicia; en los dos estamos pésimo.