Opinión

Así vamos… Reflexiones antropológicas sobre la violencia

La violencia es uno de los hechos sociales cotidianos que más preocupan a los mexicanos. Hay muchos tipos de violencia y, desgraciadamente, hay que reflexionar al respecto.

En un interesante artículo de la revista del Departamento de Antropología de la UAM Iztapalapa, denominado “Una mirada antropológica sobre las violencias”, escrito por Francisco Fernández Martín y Carlos Faixa Pampols (2004 14 (27)), nos indica que hay cuatro tipos de violencias: la violencia política, la violencia estructural, la violencia simbólica y la violencia cotidiana. A partir de esta clasificación, pero de acuerdo a mis puntos de vista, estos cuatro tipos de violencia se presentan en México de la manera siguiente.

1. La violencia política. Proviene fundamentalmente del ejercicio del poder. En México tiene diferentes expresiones: a) el bombardeo de propaganda que busca que veamos un mundo acorde con los intereses del poder en turno, aunque sea completamente diferente a los procesos reales; b) la carencia de un Estado de derecho que nos hace sujetos de muchas arbitrariedades y abusos por parte de la autoridad ante los cuales sólo tenemos defensas jurídicas insignificantes; c) el mal uso de los recursos públicos y el robo de los mismos, que conducen a que la sociedad no tenga las condiciones de vida que su capacidad económica les debería permitir; d) los continuos abusos de poder por parte de la policía y el ejército; e) la existencia de partidos políticos que se encuentran cerrados frente a la ciudadanía, separados de ella y que solamente aceptan aquellos miembros que les ofrecen fidelidad incondicional, rechazando la posibilidad de ascenso de casi todo el talento político ciudadano existente, etcétera.

2. La violencia estructural. Ésta se origina en el tipo de sociedad que vivimos. Son dos elementos clave los que la determinan: la anomia social y la inexistencia de un elevador social. La anomia es una enfermedad social que consiste en la pérdida de lazos sociales y simbólicos que le permiten a una sociedad mantenerse unida; los lazos sociales se configuran por relaciones de parentesco, de amistad, de jerarquía legítima que no busca la reproducción del poder sino la reproducción social y, de todas las relaciones sociales que conducen a formar grupos y conjuntos que forman lo que se suele denominarse “lazo social”; los lazos simbólicos provienen de la visión que unos individuos tienen sobre otros y que dan lugar al respeto que se deben entre sí, es decir, son relaciones simbólicas que constituyen la parte medular de la ética social. En México los lazos sociales y simbólicos se encuentran profundamente deteriorados y por eso hablo de la enfermedad de la anomia social. El otro elemento estructural que da origen a la violencia social es el que se origina en que el elevador social se encuentra profundamente descompuesto; las clases bajas y una alta proporción de las clases medias tienen muy pocas o ninguna expectativa de poder subir en la escala social y económica; es una sociedad en la que el esfuerzo y el mérito tienen muy baja esperanza de recompensa: “para qué trabajar o estudiar si no se logra nada”; prácticamente sólo existen dos mecanismos de ascenso social: el crimen y la política de componendas y transas. Con anomia y sin elevador social no es extraño que la violencia criminal de todos tipos encuentre en México un caldo de cultivo tristemente fértil.

3. La violencia simbólica. No sólo existe la violencia social o física, la agresión simbólica al espíritu de los seres humanos puede ser incluso más dañina y dejar marcas más duraderas y más dolorosas. La discriminación racial es feroz en México, el trato a los indios es más discriminatorio que el trato al negro en EU; en México el ascenso social de un indio es casi imposible. Los jóvenes sufren un trato establecido por etiquetas que, en buena parte de los casos, están muy alejadas de la realidad y sólo generan un proceso de humillación. Las clases altas tratan en términos despreciativos y humillantes a las bajas. La televisión sobrevalora a los “blancos” y, bajo mil mecanismos, muchos de los cuales semiescondidos, se desprecia a casi todo tipo de mestizajes.

4. La violencia cotidiana. Nuestra vida cotidiana ya es un “continuom” de procesos violentos que provienen del narcotráfico, de las pandillas y de una criminalidad de rasgos muy variados; a ello hay que agregar la violencia policíaca e inclusive la del ejército. Los derechos humanos en muchas ocasiones, no se respetan ni siquiera en la forma. Nuestra vida se encuentra trastornada en lo social y espiritual.

El miedo es una vivencia cotidiana.

*Profesor-Investigador UAM-I.

Correo: asi_vamos@yahoo.com.mx