Opinión

Así vamos... pagar impuestos sí pero, ¿para qué?

10 febrero 2014 4:9 Última actualización 31 octubre 2013 5:2

 
Juan Castaingts Teillery
 

A la memoria del Ing. Alfonso Bernal, hidrocálido de alta calidad humana.
 
La discusión fiscal actual es clave. No hay duda de que los mexicanos necesitamos pagar más. Pero otro elemento esencial y fundamental es ¿qué se va hacer con nuestro dinero?
 
Uno de los problemas básicos de la dificultad de recaudar y de la fuerte evasión, proviene de la profunda desconfianza que tiene la sociedad civil de sus gobiernos en el ejercicio del impuesto y del gasto.
 
La confianza es uno de los elementos esenciales en la sociedad económica moderna. A nadie le gusta pagar impuestos (de ahí su nombre) y éstos se pagan cuando hay un convencimiento de la necesidad social de los mismos y cuando se tiene confianza en que su gasto será el adecuado.
 
Desgraciadamente, los mexicanos tenemos largos y sobrados motivos para tener una profunda desconfianza.
 
El problema viene de décadas atrás y de la actualidad. Hay que recordar que desde hace varios lustros se nos ha prometido destapar la cloaca y castigar severamente a los corruptos. El caso es que nos prometieron justicia y, hasta la fecha, no hemos visto nada claro en materia de anticorrupción, tanto frente a los que no pagan como frente a los que gastan mal, gastan en su provecho político o simplemente son corruptos. Se dejó de aplicar la ley en la forma en que es debida; esto último implica complicidad. También es posible que las leyes estuviesen creadas de tal modo que los corruptos quedasen impunes pero, en este caso, era una obligación vital presentar tal hecho, señalar las fallas legales y mandar las iniciativas adecuadas para corregir el problema; nada de esto se hizo. Por eso la desconfianza pasada alimenta a la desconfianza presente.
 
Lo más grave es que durante el gobierno actual, han sucedido muchos eventos que alimentan aun más esa desconfianza estructural y añeja. Mencionemos algunos de ellos:
 
1.- Seguimos pagado el Fobaproa-Ipab, que fue un hecho bochornoso lleno de deficiencia, insuficiencias y corrupción. Las tasas de interés son más elevadas que la tasa de crecimiento, hecho que significa una buena parte de lo producido se va hacia la clase rentista. Los periódicos nos indican las elevadas y crecientes tasas de ganancia que obtienen las empresas que cotizan en la bolsa de valores y que, curiosamente, son de las que más “chillan” porque consideran los impuestos excesivos. La reforma actual apenas compensa un poco el elemento de que los impuestos son regresivos, paga más el que menos tiene, sobre todo la clase media.
 
Cobrarle a los pobres y clase media, al tiempo en que se desgrava a los millonarios, no es una palanca para generar confianza.
 
2. Muchos de nuestros impuestos se gastan en mera propaganda. Tenemos gobiernos-spot que actúan bastante en los medios informativos pero tienen muy poco de efectividad gubernamental. No hay ni una política industrial ni una política de empleo ni una política regional, sino que su política consiste en dejar que el “sacrosanto mercado” se encargue de todo. Son gobiernos del “dejar hacer, dejar pasar”.
 
3. Hay una enorme cantidad de dinero que va a los partidos políticos; para todos e incluso para un partido como el Verde Ecologista, la prensa nos atiborra de informaciones sobre el manejo poco claro de sus procesos. Necesitamos financiar a los partidos pero no en la forma en que se hace hoy día. Además, el IFE, antes de confianza y ahora con fuerte pérdida de la misma, debería también justificar públicamente su alto presupuesto.
 
4. La composición del gabinete rebosa de mediocridad pero tiene los salarios y compensaciones más altos de la historia. La teoría neoclásica y neoliberal que defienden, dice claramente que su salario debería ser igual a su productividad marginal ¿Cuál ha sido la productividad de muchos miembros del gabinete?
 
Ahora bien, no hay duda de que todos debemos pagar más impuestos, pero el impuesto solo lo justifica el gasto y la justicia redistributiva en la aplicación del mismo. El gasto tiene mil problemas y la redistribución se opera más como mecanismo de reproducción del poder en turno que como instrumento de justicia y cohesión social. No se ha entendido que uno de los problemas centrales de la economía mexicana es la desconfianza. Si no se confía en el gobierno, difícilmente se le otorgarán con consciencia más recursos. Sin gasto justo y sin corrupciones, difícilmente se convencerá a la sociedad mexicana de la legitimidad del impuesto. La confianza no se alcanza con publicidad, se logra con hechos repetidos basados en la eficiencia y en la justicia. Nos urge una política clara anticrimen.