Opinión

Así vamos… Futbol:
rito que estructura
sociedad y economía

El futbol es un deporte, pero hoy día se ha convertido no sólo en un espectáculo sino que además es un rito alrededor del cual se estructura una parte de los procesos sociales y económicos de la vida moderna.
El deporte se define como una competencia establecida en términos de disputa y desafío; también los mercados económicos actuales se comprenden mejor si los vemos en términos de disputa y desafío.

Lo que hoy existe en la economía son las grandes empresas que pretenden imponerse en el mercado; éstas se enfrentan en el juego del mercado en términos de disputa y desafío. Lo mismo que en el deporte, el enfrentamiento de las empresas está sujeto a reglas y, al igual que en el campeonato, ellas no solamente buscan ganar sino eliminar a su contrincante en aras de quedarse como únicas triunfadoras.

Antes se aceptaban en el deporte los empates como una solución válida y legítima; ahora el empate se diferencia claramente del triunfo. Otro tanto ha sucedido con el mercado de las empresas, anteriormente era normal que unas empresas aceptaran la convivencia con otras en una especie de empate; ahora no, las poderosas simplemente buscan la desaparición de sus contrincantes.

Todo triunfo queda totalmente legitimado con la única condición de que el ganador se haya sometido a las reglas del juego. Pero las reglas, como en la economía, también se violan. Ganó o perdió: tal es la ley.

Por eso decimos que el futbol es un rito por medio del cual se establece la legitimidad social de los ganadores y el desprecio a los perdedores.

La fuerza del rito futbolero se expresa en lo social ya que, mientras virtudes, triunfos y beneficios monetarios van hacia los ganadores de los procesos sociales y económicos, los perdedores se quedan en el desprecio y sin nada. Para que la sociedad acepte las enormes ventajas del "triunfo", que recae en unos cuantos, y las miserias de la derrota, en la mayoría, se necesita un rito de gran potencia en donde se generan operadores simbólicos que hacen aparecer como totalmente natural esta división. El campeonato mundial es elemento vital de este rito legitimador de la división: ganadores, perdedores.

La relación de ganadores y perdedores corresponde a los valores éticos que pregona el neoliberalismo en donde se pretende premiar solamente a las empresas ganadoras, las que sostienen el ritmo de la competencia en términos de reto, desafío y disputa.

El futbol es un rito que arregla y hace legítimas (en lo imaginario) las contradicciones de una vida que tiende a fragmentar a la sociedad y en la que la riqueza y la pobreza se viven como el resultado "natural".
En el futbol y en la economía, el mundo solamente pertenece a los ganadores.

El futbol es también un instrumento para controlar la violencia y al mismo tiempo es generador de violencia. En efecto, aunque el futbol es un enfrentamiento, se trata de un desafío sujeto a reglas las cuales imponen límites muy claros a toda violencia.

La relación entre violencia y control de la misma por medio de reglas es clara; si la rudeza no se mantiene bajo control y se deja que llegue a violencia, no solamente aparecen los “fauls” sino que llegan las tarjetas amarillas o las temibles tarjetas rojas. Para evitar las tarjetas y ganar, se debe jugar con rudeza necesaria para el triunfo y al mismo tiempo el jugador debe tener un profundo autocontrol de sus movimientos y sus pasiones. Esto es lo que nos pregonan como las virtudes del hombre en el mercado.

La violencia aparece en el público en la pasión desenfrenada por el equipo, el odio a la derrota y a todo lo demás. Los hooligans son el ejemplo clásico.

El futbol es performance, o sea, una palabra muy usada en los medios económicos y empresariales como resultado de una acción competitiva. Performance significa capacidad de altos rendimientos de una máquina o un hombre, rendimiento que una empresa o un equipo pueden dar de sí. Pero si tanto en el juego como en la empresa es performance, en el público asistente y en el de TV es consumo desenfrenado y abuso del alcohol, es pasión escandalosa y desbordamiento de la razón. Así, es el predominio de la producción sobre el consumo.

El futbol tiene un fuerte contenido simbólico. Las reglas son símbolos, se juega dentro de un cuadrilátero simbólico y la portería es el símbolo que conduce a la victoria o a la derrota.

El juego se transforma en un rito que conduce a un comportamiento social generalizado; tanto en la vida y en la economía, como en el futbol, el triunfador es alguien que juega con rudeza las relaciones sociales, pero que no se deja llevar por la violencia que conduzca a romper las reglas del juego. Se enaltece al triunfador y se humilla al derrotado.

El neoliberalismo moderno ha hecho del futbol uno de sus símbolos dominantes y centrales para promover los símbolos claves de la idea neoliberal del mercado como el centro de todo lo social.

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