Opinión

Así vamos… Es indispensable reestructurar nuestra civilización

Profesor Investigador UAM-I.

Los reportes del IPCC (Panel Intergubernamental para el Cambio Climático de las Naciones Unidas) han generado una discusión saludable sobre el cambio climático; hay analistas pesimistas u optimistas, pero está claro que el cambio climático es un hecho, es grave y que se esperan en corto tiempo, repercusiones importantes y negativas.

La discusión parece centrarse en el tipo de acciones a llevar a cabo y en el costo de las mismas, por ejemplo: el lunes pasado en EL FINANCIERO, apareció un artículo interesante de Paul Krugman en el que indica que, en el informe más reciente del IPCC se señalaba que los costos para mitigar o reducir las fuentes de los gases invernadero se reducían solamente algunos puntos del PIB mundial, lo que implicaba un gasto “trivial” en términos de la tasa de crecimiento mundial.

Para Krugman el crecimiento deseable no implica necesariamente producir más cosas si no producir más y mejores servicios y además, agrega que hay que ser “optimistas” sobre las posibilidades que tiene la energía solar.

Yo considero que, aunque las cifras que nos dan los expertos para paliar el cambio climático son abordables desde un punto de vista cuantitativo, en la práctica su implementación será muy difícil por dos causas. Primero, la crisis económica ha conducido a posponer muchos de los gastos en materia de protección ambiental y además la misma crisis estaba reimpulsando un consumismo desenfrenado.

Segundo, la competencia entre empresas multinacionales y entre naciones hace que se pasen a segundo término, los incentivos para el ahorro de energía que generan polución.


Estamos en realidad, ante una crisis de civilización, como dice Braudel en su libro: “La gramática de las civilizaciones”. La civilización incluye la forma en que una sociedad articula y regula sus procesos sociales, su sistema de organización del trabajo, sus creencias religiosas o profanas, su ideología, la integración de las ideas científicas, sus ideas políticas, la estructura del poder, etcétera. Todo este conjunto de elementos se puede integrar y organizar en formas muy diversas.

En realidad, no hay una sola civilización occidental y cristiana como tampoco hay un solo tipo de capitalismo. Siguiendo a otros autores podemos decir que hay al menos, tres grandes modelos de capitalismo exitoso: el anglosajón (EU, Inglaterra) en el que predomina el individualismo y la maximización de la ganancia a corto plazo; el renano (Alemania) en el que la organización social del trabajo no es de tipo individualista y la relación de los sindicatos con los patrones impone una relación capital-ganancia diferente a la del modelo anglosajón; y finalmente, se tiene el tipo japonés en el cual, las viejas religiones confusiana y sintoista, se integran con la tecnología capitalista para procurar una empresa que busca más la expansión y conquista de mercados que la ganancia a corto plazo y en donde la cooperación de los trabajadores en el espacio de las grandes fábricas es un elemento central de la organización del trabajo.

El domingo pasado en el periódico El País, apareció un interesante artículo del filósofo Michel Onfray denominado: “Epicuro, un remedio para la crisis”. La tesis central señala que es indispensable regresar a las reflexiones filosóficas. Indica que en la mayoría de los sabios maestros de la antigüedad “encontramos la invitación a desconfiar de los falsos valores y a prescindir de todo, a ser ascetas, a practicar la austeridad, a no tener, para concentrar todas las fuerzas personales en ser, que requiere despojarse de todo lo que lastra el arma material. Para ellos, cuanto menos se tiene, más se es”. Es importante lograr lo que Epicuro denominaba “ataxia” que consiste en la ausencia de turbación del espíritu y a la disposición del ánimo que se logra por una reducción en la intensidad de pasiones y deseos de lograr la fortaleza frente a la adversidad.

Revisé en mi biblioteca algo sobre Epicuro y encontré los temas a subrayar. Primero, existen tres tipos de apetitos: a) los naturales y necesarios; b) los naturales no necesarios; c) los no naturales y no necesarios. Segundo, existen los placeres del cuerpo y los placeres del alma que yo llamaría más bien, del espíritu humano.

No se trata de regresar a Epicuro, pues corresponde a otra época, pero sí de aprovechar sus enseñanzas. Debemos satisfacer plenamente los apetitos naturales y necesarios; debemos reducir los apetitos naturales no necesarios sin eliminarlos pero reorientarlos plenamente en términos de incrementar las fuerzas del espíritu y no enajenarlas. Debemos re-estructurar totalmente lo no natural y lo no necesario.
Debemos modificar de fondo nuestra civilización. Sólo así lograremos la propuesta de Krugman que nos pide aumentar la calidad de los bienes servicios sin necesariamente aumentar su cantidad.

Correo: así_vamos@yahoo.com.mx