Opinión

Así vamos... El descompuesto elevador social tiene graves consecuencias

10 febrero 2014 4:53 Última actualización 25 julio 2013 5:2

 
 
 
Juan Castaingts Teillery
 

Una sociedad en la que su elevador social está descompuesto, es una sociedad enferma. Actualmente hay demasiados jóvenes nini.
En un interesante libro de Luis Reygadas denominado “La apropiación. Destejiendo las redes de la desigualdad” ( Anthropos y UAM), se presenta una imagen interesante de la desigualdad, la estratificación y el ascensor social: “…me atrevo a recurrir a una imagen de una red de redes con mallas de distinto calibre, que dejan pasar o impiden el paso de diversos tipos de bienes, produciendo distribuciones desiguales de los mismos” (p. 109).
 
 
Siguiendo esta imagen, yo creo que hay distintas redes con tejidos más o menos cerrados o abiertos no sólo de bienes sino de personas, que cierran o dejan el paso a los individuos de abajo hacia arriba. Entre las clases y los estratos sociales hay una red que deja pasar fácil o difícilmente a los individuos que buscan el ascenso en la pirámide social. Hay ocasiones en las que en ciertos niveles, esta red tiene tejidos que son casi impermeables.
 

Desde mi punto de vista, en cada nivel de la pirámide social, estas redes pueden ser homogéneas en toda su extensión o bien heterogéneas, es decir, que en ciertas partes impiden el ascenso y en otros espacios sociales lo permiten con cierta dificultad y en otros lo facilitan. Así, en la sociedades tradicionales los tejidos eran casi impermeables en todos los espacios sociales salvo en el caso de la milicia y el clero, razón por la cual muchas personas abrazaban estas carreras. Las redes en la sociedad porfiriana tenían tejidos casi impermeables que impedían el paso aun en la milicia y el clero.
 

No hay duda que una de las causas de la Revolución, fue el intento de romper esos tejidos y hacerlos más abiertos y permeables. Muchas de las revueltas en los países árabes tienen este origen y contenido. El régimen priista duró mucho tiempo, en parte porque organizó una sociedad en la que los tejidos sociales de arriba eran relativamente abiertos y permitían varios medios de ascenso social.
 

Una de las causas de la decadencia de éste régimen es porque se han cerraron los tejidos sociales.
 
La apertura de los tejidos sociales es indispensable en una sociedad no sólo porque la estabilidad política así lo requiere sino porque con dicha apertura todo talento que surge en las capas bajas de la sociedad tiene la posibilidad de desarrollarse con lo cual, no sólo el individuo que tiene y desarrolla ese talento se beneficia sino también lo hace la sociedad en que vive.
 
 
La meritocracia (el ascenso por el mérito) es fundamental. Una sociedad con tejidos abiertos hacia arriba es un fuerte estímulo al esfuerzo individual y colectivo y de ese esfuerzo todos ganan. Una sociedad con tejidos cerrados configura un caldo de cultivo fabuloso para la mediocridad.
 
 
Hoy tenemos una estructura de redes, tejidos y filtros profundamente enferma. Por ejemplo, en política todos los partidos políticos han puesto redes casi impermeables para que la gente con talento pueda ascender. Los partidos no son generadores de ideas, orientaciones y cosmovisiones enfocadas a dirigir la sociedad y a resolver sus problemas sino que funcionan como franquicias oligopólicas que tienen la concesión de decidir quiénes son los candidatos a los puestos de elección. Los grupos dirigentes amparados en dichas franquicias y en las enormes subvenciones cierran todas las posibles entradas.
 

Resultado, una clase política profundamente mediocre y una separación profunda entre clase política y sociedad civil. En México hay todavÍa algunos espacios abiertos. Por ejemplo, los sectores de bajos ingresos pueden acceder a una educación superior en universidades públicas y, gracias a las becas CONACYT, hay estudiantes de bajos ingresos que hacen maestrías y doctorados de muy alta calidad. Estos jóvenes con muy elevados niveles educativos, encuentran una sociedad totalmente cerrada. Sólo cuentan las redes del dinero y del poder y se desprecia al mérito y al conocimiento.
 

Otro caso es el de los jóvenes marginados y excluidos en donde la sociedad sólo les ofrece tres alternativas: un trabajo miserable con dos salarios mínimos y sin ninguna perspectiva; el vivir en la economía informal y el camino de la delincuencia. En la economía informal las redes tienen tejidos menos cerrados que en la economía formal pero, desgraciadamente, los tejidos abiertos están en la delincuencia. La delincuencia no es un cáncer externo que ataca una sociedad sana, sino que daña a una sociedad enferma y cerrada que genera purulentas manifestaciones de delincuencia creciente.