Opinión

Así que 'El Chapo' es un chingón…

 
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Imágenes oficiales del túnel por donde se fugó 'El Chapo'. (Especial)

Vale. Todo lo que se ha dicho sobre la ineficiencia, complicidad y la vergüenza de los encargados de la seguridad en el penal donde se fugó Joaquín Guzmán Loera es una innegable constante. Vale y apremia también la necesaria poda y ajuste de responsabilidades donde sea necesario. Urge la refundación de un sistema penitenciario como lo ha insistido desde hace al menos nueve años al cumplir su maestría y doctorado en derecho César Camacho Quiroz.

Lo que, en lo inmediato, resulta inconcebible, es el resultado de la reseña que realizó Carlos Velázquez, corresponsal de EL FINANCIERO sobre lo que acontece en Badiraguato, Sinaloa, y que confirma lo que ocurre en diferentes partes del país: “hay jóvenes que sueñan ser como El Chapo”.

Tal desiderata llena múltiples espacios de las redes sociales y hasta en una parodia facturada en Taiwán, se arremete con furia contra el gobierno mexicano. A ese tipo de burlas, numerosos jóvenes hacen un perturbador eco festejando la fuga de alguien quien de ninguna manera podemos olvidar ha sido un criminal sangriento y peligroso.

Más de 200 muertes se le han documentado, personalmente ha dirigido torturas de cualquier especie: desmembramiento de cuerpos, ahorcamientos, quema de casas y seres vivos, aniquilamientos con armas de fuego de todo calibre, amenazas cumplidas y amedrentamientos para obligar a empresarios y ciudadanos comunes a pagar “derechos de piso”.

¿Alguien olvida que en su natal Sinaloa ha sido la punta de lanza y el criminal emblemático del cultivo y procesamiento de la goma que no es otra cosa que la amapola y todos sus derivados incluyendo el crack y el inventario inacabable de anfetaminas y derivados alucinógenos?

¿Se puede separar todo eso y más de la figura del criminal conocido como El Chapo?

Pues sí. Ya hay canciones y corridos, cumbias y poemas sobre su figura a la que se le pretende dar aura de legitimidad combativa contra los federales. Se le pone a la par de Gabino Barreda, Chucho el Roto y se le dice el Robin Hood mexicano. Se corre la especie que desde la cárcel ayudaba a inválidos, menesterosos y enfermos que requerían una operación y hasta trasplantes de riñones o de ojos. Se dice que son numerosos los que asisten y trabajan en el rancho de su anciana madre; que da empleo a muchos en su pueblo natal, Badiraguato, y que contribuye generosamente con el sostenimientos de la iglesia.

En otras palabras, cierta población lo encubre y protege. Los elementos reales, exagerados o francamente ficticios ya están ahí; por interés o por franca ignorancia, por deformación o por una axiología tergiversada, las palabras y, lo que es gravísimo, los elementos antisociales y su fervor cunde entre ciertas capas de la población.

¿Cómo y por qué algunos festejan la fuga del criminal? Por atacar al actual régimen y porque gestas y verdaderas hazañas han sido cantados en el norte del país; de hecho, esto tiene derivación de gestos bravíos y verdaderas hazañas que así fueron relatados. De Villa a Zapata el país se llenó de verdaderos himnos revolucionarios que dieron formatos de heroicidad a batallas y victorias.

Pero lo que hoy ocurre es diametralmente opuesto. Nada tiene de ejemplar ni de memorable ni de ilustre lo que ha hecho el prófugo al que hoy numerosos jóvenes tienen en mente como figura emblemática.

Lo que ha ocurrido es un peligroso trastrocamiento axiológico. La radio y televisión comercial cuyos fines son los de claro lucro, no dudan en popularizar canciones, discos, fotografías y videos con el rostro y supuestas proezas de un asesino quien ya en las redes sociales ha cautivado a miles de jóvenes que desean fortuna rápida. A ello agregan una supuesta grandeza por burlar disposiciones y normas que son necesarias para cualquier tipo de civilización.

“Extraordinario, chingón, único, padrísimo, mamado, papacito, ultra”, son algunos calificativos que ciertos niños y jóvenes utilizan para describir imitativamente sus anhelos para el futuro.

A la corrupción que ha permitido la vulnerabilidad de una sociedad urgida de otro tipo de valores, hoy se nos encarama sobre los hombros, la vergüenza de saber que algunos niños y jóvenes son presas de la perfidia, la ignominia y la abyección.

Aún más, el peligro de ello está aquí entre nosotros cuando como adultos festejamos chistes y gracejadas sobre la supuesta hazaña de un pícaro delincuente y su eficaz banda de empleados intimidados o generosamente pagados con el dinero de la venta de drogas y su cauda de abusos, iniquidades y muertes.

Twitter: @RaulCremoux

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