Opinión

Asalto a la democracia

    
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trump

La osada retórica de Donald Trump ya había puesto a prueba los límites de lo aceptable en la cultura política estadounidense, pero en el tercer debate cruzó la frontera más sensible de todas, al negarse a decir si aceptará o no los resultados de la elección, cualesquiera que sean. “Los mantendré en suspenso”, le respondió al moderador Chris Wallace, confirmando la posibilidad de que no aceptaría unos resultados adversos y provocando todo tipo de especulaciones sobre un escenario de no concesión del derrotado y, por lo mismo, dudas sobre una transferencia pacífica del poder.

Digo que es la frontera más sensible no porque la explosiva y ofensiva retórica de Trump hacia las mujeres, hacia los inmigrantes o hacia cualquier otro grupo social no sean sensibles e importantes, pero en esos temas los norteamericanos están claramente divididos entre progresistas y conservadores, un marcado rasgo del sistema de partidos y del apoyo electoral en ese país. Sin embargo, los fundamentos y las reglas democráticas no han sido tema de división; tanto progresistas como conservadores, los de izquierda y los de derecha, han aceptado consensualmente esas reglas y han respetado la voluntad popular en las urnas. Así ha sido desde los founding fathers hace poco más de dos siglos.

Esta afrenta a la tradición democrática de Estados Unidos dio la nota de la noche, ocupando las ocho columnas en los principales diarios al día siguiente. Es entendible que los medios sean particularmente sensibles a esto por dos razones: la primera es que la libertad de expresión y la democracia son inseparables y los medios son un eslabón fundamental de ese vínculo; la segunda es que las acusaciones de fraude que ha lanzado Trump en buena parte se centran en el sesgo y favoritismo que, según él, han mostrado los medios de comunicación, tratándolo injustamente. Acusa una conspiración en su contra.

Vale preguntarse, a modo puramente especulativo, si el desapego de Trump a esta tradición democrática es sólo la punta del iceberg del accionar de un líder que rompería con otros principios y prácticas democráticas. Trump usa una retórica incendiaria, pero no lo veo como un golpista. Trump ha presumido los endorsements de generales y cuerpos de seguridad, pero no imagino a ninguno de ellos apoyándolo políticamente fuera de la vía electoral. Por ello, las acusaciones de Trump reflejan más bien la lógica de la zorra y las uvas, en la fábula de Esopo. Por más que brinca por alcanzarlo, su lugar en la Oficina Oval cada día luce más distante. Por ello busca la excusa que más le convenga. En el diccionario del magnate, Trump y loser son antónimos, no importa lo que pase el 8 de noviembre. Pero por lo pronto, Hillary Clinton ya lo barrió 3-0 en los debates.

LOS NÚMEROS
Desde el 26 de septiembre, cuando Clinton y Trump llegaron al primer debate empatados en las encuestas nacionales y con probabilidades de triunfo casi parejas, los números se han movido con claridad. Hoy la ventaja de Clinton en el promedio de encuestas es mayor a la que Obama tuvo frente a Romney hace cuatro años, varios estados inciertos se han inclinado a su favor, y los pronósticos han llegado a darle 90 por ciento de probabilidades de triunfo por 10 por ciento a Trump.

Lo curioso es que con esa contundencia en los números todavía hay gente que cree que Trump va a ganar. De esa magnitud ha sido el daño a la credibilidad estadística que han dejado las fallas de las encuestas en Brexit y Colombia (y para nuestro país, las propias). Los miedos y ansiedades son tales que los números se ven con cierto desdén.

Ahora que está por iniciar la Serie Mundial de Béisbol, imagine que un equipo va perdiendo 3-0 la serie y necesita remontar ganando los próximos cuatro juegos. No es imposible pero sus probabilidades son muy bajas. Para Trump, el tiempo se agotó, y creo que la única manera en que pueda ganar es que caiga un meteorito político que cambie todo a su favor. Mientras tanto, imagino su discurso la noche de la elección evitando la palabra loser, diciendo que la Oficina Oval estaba verde, y que Estados Unidos no está listo para poner el retrato de Donald Trump junto al de George Washington.

Twitter: @almorenoal

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