Opinión

Arte público

 

La semana pasada hablamos de la importancia de hacer nuestros a los museos, pues a final de cuentas son financiados por los impuestos que aportamos (incluso los privados llegan a tener apoyos gubernamentales). A pesar de la poca cultura museística nacional, Conaculta en 2012 contabilizó al rededor de mil 168 museos de todo tipo en el país, dato obtenido del Sistema de Información Cultural (SIC).

Eso me hace pensar sobre el desequilibrio que hay entre la apreciación del arte dentro de los recintos oficiales y las pocas iniciativas de arte público y en espacios abiertos. Estas prácticas no sólo abren diálogos con el público, sino que se pueden combinar con otros programas sociales y ecológicos como parques escultóricos-botánicos, la recuperación y el saneamiento de espacios públicos, la oportunidad de hacer proyectos artísticos a gran escala que generen experiencias estéticas muy distintas a las vividas en los museos o galerías, pues el arte público y en espacios abiertos acerca a sectores de la población que no están comúnmente relacionados con la oferta de museos.

En el caso de la ciudad de México, tenemos un sin fin de espacios que si bien se han utilizado para prácticas artísticas públicas, no se aprovechan al máximo, como el Bosque de Chapultepec, el Paseo de la Reforma, el Zócalo, la renovada Alameda, el Parque Bicentenario, el Desierto de los Leones, el Bosque de Tlalpan... Pero el histórico Espacio Escultórico junto con el Paseo de las Esculturas, en el Centro Cultural Universitario de la UNAM, es una de las iniciativas que ejemplifica justamente el trabajo colectivo entre la comunidad artística y las instituciones, para rescatar y construir un espacio abierto, en el cual la escala y la redimensión contextual hace vivir al espectador una forma distinta de arte.

El Espacio Escultórico fue creado en 1977 con la premisa de integrar el paisaje natural, una propuesta de arte habitable y el pasado prehispánico mexicano; fue ideado por el artista Federico Silva, que reunió a siete artistas más para completar el proyecto. Entre ellos Manuel Felguérez, Helen Escobedo y Matías Goeritz.

También un ejemplo nacional de este tipo de prácticas es el Jardín Botánico de Culiacán. Se creó gracias a la cooperación entre el gobierno del Estado de Sinaloa y la Colección Isabel y Agustín Copel, que tomaron el trabajo e investigaciones botánicas del ingeniero Carlos Murillo Depraect, y le dieron un giro artístico al enfoque netamente científico que tenía el jardín. Así, integra obras contemporáneas insitu (creadas para el lugar específico) de artistas nacionales e internacionales con la extraordinaria colección de plantas del Ing. Murillo.

El crecimiento desordenado de las ciudades hace que sus habitantes construyan una relación distante con su propio espacio: la inseguridad, el caos vial, la pérdida y rapto de espacios públicos, la especulación inmobiliaria con su gentrificación que no siempre es positiva, la desigualdad económica... El arte público es una conveniente solución para reconstruir dichas relaciones entre la ciudad y grandes sectores de su población.